martes, 29 de septiembre de 2015

Carta a Pastor Alape (por twitter)

Estaba jugando en twitter, y cuenta de repente me dí... Pastor Alape, comandante guerrillero me seguía. Y una carta escribirle decidí...


Saludo cordial Pastor, es un gusto conversar con usted. Me presento con una simple foto: 

Este es el resumen de mi trabajo de los últimos 6 meses, (con la información disponible), yo iba proyectando el acuerdo. #FormulaDePaz presentada a señor Alape

Para hacer pedagogía, para hacerlo refrendable. Explicable.

Como puede ver, me dicen que soy fariano. Me insultan porque creen que defender la paz, es defenderlos a ustedes. Sí me entiende? Y yo no los defiendo. Ni poquito. Defiendo los intereses que ustedes tengan tendientes a alcanzar la paz. Estoy cansado de sus burlas. Y todavía me quedan fuerzas para creer en acuerdos.

Yo no avalo la lucha armada en lo más mínimo. Y puedo hallarle a ustedes muchísima razón en cosas cruciales, y en otras no. No los admiro. Ya no los odio. Los reconozco, como se reconoce al enemigo. También fui soldado, me entrené para matarlos. Estudié derecho. Con el tiempo y con la vida conocí Sudáfrica y entendí la reconciliación, la justicia restaurativa, y todo aquello que conlleva pedir perdón. Yo solo espero que honren los acuerdos. Yo defenderé con mi vida lo que se acuerde. Y a Usted le pido que esté a la altura de la verdad y el honor de un combatiente. De soldado a guerrillero, ambos combatientes, se lo digo. "Apuntándonos los dos el fusil, esperando quien dispara primero..., Bajo yo mi fusil. Reina el silencio. Me puede descargar el suyo. Perosabe y lo experimenta..., que bajar el suyo después de mí lo hace a Usted aún más grande. Usted decidió por mi vida y además hizo la paz." ¿Cómo la ve? 

No se requiere ser muy grande ser humano para hacer la paz luego de haber causado tanto daño???

Espero pueda mantener una conversación con Ud. Realmente no me parece nada sensato el micrófono frente a Ivan Marquez. Defiendo la paz con toda. Me dicen enmermelado cuando no fariano. No me importa. Pero no nos la pongan tan difícil a los que gratis les ayudamos, mientras logramos unir fuerzas para que nuestra Colombia se libre de sus fusiles y accionar violento. Por cualquiera que haya sido la causa. Ya no me importa.

Saludo cordial

LCJ Septiembre 28 de 2015

domingo, 20 de septiembre de 2015

¿Un mal castigo o un intento de Reconciliación?



Apreciado Mauricio, me refiero a su columna de hoy con la intención de aportar a un debate fundamental para el país como lo es el castigo eventual que merecen los jefes de las FARC.

Centra Ud su planteamiento en el hecho de que un grupo de víctimas de un conocido ex paramilitar que está a punto de salir de la cárcel cumpliendo con su pena no se siente satisfecha ni reivindicada en sus derechos con la pena de 8 años que se le impuso.

Estas penas se fundan en un principio que termina por igual "premiando" los más grandes delitos de estos grupos armados con penas muy cortas: "que paguen poca cárcel pero que algo paguen." Y ya ve Usted cómo muchas víctimas se siguen sintiendo vulneradas en sus derechos porque su dolor no lo compensa ese tiempo de reclusión.

Tampoco se podría imponer  más cárcel  que esos 8 años a los comandantes guerrilleros, lo cual nos llevaría a la misma situación de insatisfacción de las víctimas.

Lo invito por un instante a considerar otro paradigma. Otra forma absolutamente distinta de pensar, y se que eso va en contra de las creencias tradicionales sobre el castigo a imponer por causar un grave daño a la sociedad. Soy abogado, y hasta 2002 pensaba idéntico a Usted porque solo conocía una mirada del Derecho Penal.

En 2003 estuve en Cali asistiendo al Encuentro Justicia Restaurativa y Paz en Colombia, organizado por la Fundación Alvaralice. Los invitados principales fueron un grupo de sudafricanos, tanto víctimas del desangre sudafricano, blancos y negros, como victimarios del CNA - Congreso Nacional Africano, y algunas eminencias del Poder Judicial de ese país. 

Quiero sintetizarle mi aprendizaje con tan solo una reflexión y una pregunta que nos hizo Tokyo Secquale, ex combatiente del CNA...

De pie y solo en el escenario, frente a 300 personas, nos mostró sus manos y nos dijo: 

"Estas manos que ven están untadas de sangre. Durante un tiempo suficiente recibí entrenamiento para sabotear, y aniquilar al enemigo como el "freedom fighter" en que me convertí. Luchando por la libertad de mi pueblo y por los cambios políticos que demandábamos. Instalé explosivos y me encargué de vengar la injusticia contra la que luchaba. Por eso, vine a hacerles tan solo una reflexión y una pregunta...

Tener en las manos un fusil AK47 cuando se es joven, el arma más poderosa de ese entonces para matar a distancia, es sentirse poderoso para reivindicar las injusticias que has vivido. Caminas con él en tus manos y te sientes alguien que se puede defender porque puedes causar mucho daño. Es tu seguridad. Tu tranquilidad.  Y también te sirve inclusive para sentirte respetado o hasta para conseguir una chica que se interese por tí...  
(¿Idéntico a la situación colombiana?)

Por eso les pregunto...

¿A cambio de qué un combatiente no vencido está dispuesto a entregar su fusil para desmovilizarse y aportar a la paz cesando la lucha política que hacía mediante las armas? ¿Qué precio le darían Ustedes mismos a ese fusil que entregan sin que nadie se los esté quitando por la fuerza?"

Y por supuesto reinó en el auditorio un largo silencio de reflexión.

Por favor no caigamos aquí en el lugar común de que las causas  de ambos conflictos son distintas para sabotear la reflexión que le hago.

Es solo en ese momento que estuve dispuesto como abogado conocedor del derecho penal básico y de la finalidad de la pena como la conocemos, para abrirme de frente a novísimos conceptos que importantes juristas nos explicaron con detenimiento:

La justicia restaurativa, la de las víctimas, no la de la pena para el víctimario, se ocupa por restablecer los derechos y sobre todo los sentimientos lesionados de éstas, a partir del RECONOCIMIENTO que el victimario haga de ellos. Es concordante con conocimiento ancestral de las tribus del sur de África, relacionadas con que a la víctima lo que realmente la puede llegar a sanar es el perdón que ella pueda conceder y concederse. Y ese perdón justamente se propicia cuando el victimario demuestra arrepentimiento, reconoce su falta, y pide perdón a los ojos dela víctima. Incontables casos de reconciliación se dieron en Sudáfrica a partir de la participación de los victimarios en la Comisión de la Verdad. A muchísimos les fue eximida la pena por su aporte a la sanación de las víctimas.

Está probado que las víctimas no sanan con 8 años de cárcel. Y quizás tampoco con 40. ¿Cual es entonces el propósito de un proceso de paz? Castigar a los criminales que por igual y por muchas razones pueden sentirse víctimas? O reconciliar toda una nación por vía del perdón de muchas víctimas que esté acompañado de verdad, reconocimiento, reparación, y garantía de no repetición?

Si yo fuera un combatiente que le apuesta a la salida del conflicto, encuentro lógico que el fusil que entrego y la desmovilización que ofrezco, tengan un valor para la sociedad. Si yo fuera una víctima creo que preferiría antes que ver a mi victimario 8 años en la cárcel (Porque tampoco puedo aspirar a verlo más tiempo encerrado), poderlo mirar a los ojos y tener una conversación profunda con éste. Que viera y entendiera mi dolor, y que yo viera su reacción. Y que ojala me pidiera perdón a los ojos, que validara mi tristeza, y que me garantizara que jamás estaría expuesto yo de nuevo a sufrir ese hecho de parte de él mismo. Que no existiera ninguna posibilidad de que eso me volviera a suceder.

Sabe bien Mauricio que el derecho penal como lo conocemos, y sobre todo si se trata de imponer una pena será insuficiente, y generará aún más resentimiento cuando los victimarios cumplen su tiempo corto de cárcel. Por qué no apostarle a integrar las siguientes ideas en una fórmula de paz:

1. El fusil que se entrega y la lucha armada que se deja para apostar a la civilidad sí tienen un precio del cual un combatiente no vencido no prescinde fácilmente. "Qué gano yo renunciando a la lucha armada tras entregar mi fusil" (Pragmatismo puro)

2. La justicia reivindicativa tiene un límite consuetudinario de 8 años que no resulta suficiente para ver castigado al victimario. La pena de 8 años no sana las víctimas, y al contrario, las deja con mayor resentimiento.

4. Una guerrilla de 60 años que tiene raíces políticas no aspira a terminar su lucha recluida en una cárcel. Y por eso, salvo que optemos por arreciar la guerra y vencerlos, mientras no lo estén es algo poco probable.

5. Puede considerarse la sanción de los victimarios en sitios especiales de reclusión si es que aportaron con Verdad, Reparación, y Arrepentimiento a las víctimas.

6. La Comisión de la Verdad es un escenario poco entendido, que tiene la virtud y el poder de sanación de gran parte de las víctimas, y permiten ver casos reales de reconciliación para toda una nación.

7. En realidad el cese de un conflicto se materializa recuperando las armas en poder del estado. Si obtenemos eso, ¿podemos hacer concesiones?

Se que todo lo que le estoy escribiendo es debatible. Ayer el ex presidente Uribe anunciaba en campaña que las FARC deben pasar "así sea un ratico por la cárcel."  Ese ratico en la cárcel qué perseguirá, ¿qué utilidad tendría?

Solamente le pido que incluya en sus reflexiones estas premisas que sé que para muchos son novedosas. Y vea este asunto de hacer la paz con la profundidad que merecen  el perdón y la reconciliación en una nación polarizada y destrozada por la guerra.

La experiencia de reconciliación sudafricana - debatible por igual - terminó siendo una salida mucho más inteligente y útil para un país que estaba desangrado por un conflicto racial, político, económico y social. La cárcel no sana a nadie  apreciado Mauricio. Lo único que sana a una nación es la reconciliación, y esa se funda en la capacidad que tengan  sus habitantes de considerar el perdón. No hay una fórmula de paz perfecta. Pero si se trata de un castigo leve, ese castigo leve se nos devuelve en contra.

Espero sinceramente aportarle enriqueciendo el debate para el futuro, porque Usted es un importante líder de opinión que no se puede quedar con conceptos anticuados que como dice su columna de opinión no reivindican a ninguna víctima y tampoco apuestan a la reconciliación.

Gracias por su tiempo.

Saludos, 

LCJacobsen