jueves, 6 de octubre de 2016

Luz en la Oscuridad


Más adelante me permito explicar "La Fórmula de Paz" que fue acordada por nuestro gobierno y Farc y que fue rechazada por escasa mayoría en el plebiscito. Constituye un importante “borrador de acuerdo” que debe conocerse y defenderse, puesto que es el fruto del arduo trabajo de muchísimos colombianos, instituciones, y cooperación internacional durante 6 años. Necesitamos tener el acuerdo fresco en nuestras mentes y muy en cuenta en nuestras conversaciones.


Con más razón, cuando sabemos hoy por las reveladoras declaraciones del director de la campaña opositora, que los colombianos no conocieron la verdad plena que había sido negociada, y se dejaron llevar por una muy bien dirigida campaña de temor e indignación infundados. La desinformación para negar los acuerdos primó en la decisión de voto de muchísimos colombianos. Argucias de campaña. Nada qué hacer por ese lado. Perdimos.


Sin embargo, es muy importante decir aquí que el borrador ha sido aprobado por las Farc. Esto es lo que lo hace viable. Implementarlo así, ya se nos frustró. La re negociación que promete la oposición debe ser capaz de ofrecer mejores argumentos enmarcados dentro de su VIABILIDAD, es decir, contando con la contraparte. Y quiero reiterarlo. Lo más importante de los acuerdos ya alcanzados es que son viables. Las Farc son capaces de desarmarse dentro de ese conjunto de mutuas concesiones. Y la dignidad de las víctimas, el respeto por sus derechos y sentimientos, la verdad que necesita el país, y algunos otros puntos también pueden ser considerados no renunciables.


En términos de CONCESIONES y CONQUISTAS, me permito resumir la esencia de los acuerdos de paz basado en los 6 puntos de la Agenda original. Para ver detalles de protocolo e implementación diríjase al texto base en el siguiente link. Acuerdo final


CONCEDEMOS


1. Política de desarrollo agrario integral - Buscando eliminar brechas de inequidad en el campo


Acceso y uso de la tierra. Tierra para los campesinos. Desestímulo a tierras improductivas. Formalización de la propiedad, titulación. Sistema de seguridad alimentaria, etc. Respeto total a propiedad privada Este punto del acuerdo atiende lo que por décadas ha sido olvidado. La modernización del campo colombiano pasa por la tierra y su propiedad. La prosperidad en el campo debe ser abordada como desafío estructural. (Ver Acuerdo 1 de la Agenda)


2. Participación política


El centro de este proceso es lograr que guerrillas se transformen en movimientos políticos. Atiende derechos y garantías a la Oposición,  además de la seguridad necesaria para movimientos legales que surjan, participación política con votos, sin armas. Podría mejorarse por ejemplo, que se consigne la elegibilidad política de manera inequívoca una vez rindan cuentas ante la Jurisdicción Especial de Paz - JEP. El sustento del acuerdo es la dificultad mayor que plantea la eliminación de derechos políticos, en un conflicto que tiene orígenes políticos.

Se ha dicho: "¿Cómo pretender tomar las armas de las Farc cerrando espacios políticos?"

Un conflicto de origen político, un conflicto que ahora SÍ se reconoce, necesita terminarse dándole voz a las personas que dejaron las armas para ello. Eso debe de ser posible de entender para la oposición. (Acuerdo 2 de la Agenda)


3. Amnistía para delitos con ocasión del conflicto y conexos que no constituyan crímenes internacionales ni violaciones a los derechos humanos.  
  
Esta amnistía es típica de procesos en donde es necesario introducir medidas de justicia transicional para el grueso de la tropa. Política estatal de reinserción, adaptación laboral, reincorporación a la vida civil dentro de la legalidad. No se hace concesión alguna y se hace expresa excepción sobre graves delitos cometidos principalmente por cabecillas Farc, o demás actores del conflicto armado. Para estos, se contempla el Acuerdo sobre Víctimas que crea un “Sistema Integral de Juzgamiento, Verdad, Reparación y Castigo” con penas alternativas. Ver punto 4 OBTENEMOS.

OBTENEMOS


1. Dejación de Armas.
    
Contra todo pronóstico y especulación de que “las Farc no entregarían sus armas”, este es el reconocimiento de que el estado tiene el monopolio exclusivo y el poder de las armas. El protocolo de desarme está listo y acordado, con la ONU de garante. Supervisa CELAC.  El acuerdo produce la dejación efectiva de la totalidad de las armas de las Farc, en un período de 6 meses posteriores a la firma del acuerdo. Véase Protocolo de Dejación de Armas (Acuerdo 3 de la Agenda)


2. Desmovilización completa que finaliza el conflicto.
Cese al fuego y cesan las hostilidades de manera bilateral y definitiva. Incorporación de las FARC a la vida civil - en lo económico, lo social y lo político. Intensificación de la lucha contra la corrupción, el crimen organizado como las BACRIM, y violaciones de derechos humanos, etc. “Aceptamos luchar por una Política más transparente.” (Acuerdo 3 de la Agenda) Por este acuerdo las Farc renuncian a la lucha armada para volverse fuerza política legal.


La implementación de este punto requiere financiar la actividad de reincrporación de los jóvenes ex guerrilleros. La atención debe ser integral para evitar que cometan delitos o se pierdan en el olvido si no se les da apoyo. Esta fue una de las más efectivas tergiversaciones del NO.

"¿Por qué yo que que me gano apenas el salario mínimo voy a aceptar que
le den plata a esos guerrilleros?”

Es una pregunta con una mentira plantada, como muchas de las que se vieron.


3.  Reconocimiento y Reparación de Víctimas y contribución a la VERDAD


El foco central del acuerdo es la sanación de las víctimas, la reparación, y la garantía de no repetición. Contempla reparación material de las víctimas, y es aquí donde salen a la luz los dineros de las Farc, los cuales ya han aceptado serían destinados al efecto. Las víctimas necesitan la verdad para poder sanar, una reconstrucción del tiempo sin sus seres queridos, tomando en cuenta sus sentimientos, dolor y necesidad de paz interior y perdón. Es un Espacio Solemne de encuentro entre víctima y victimario, escenario para el arrepentimiento real y un eventual perdón pedido u otorgado. Véase Institución idéntica utilizada en Sudáfrica. No se puede desmontar esta institución de los acuerdos. La paz de Colombia pasa por el conocimiento de la cruda verdad de parte de las víctimas.


Para ello se creó la Institución de la Comisión de La Verdad (Acuerdo 5 de la Agenda)


4.   Castigo para todos los victimarios por delitos con ocasión del conflicto que no sean amnistiables.


Tribunal JEP instituido para juzgar conductas de todos los actores del conflicto, tomando en cuenta verdad aportada. Sanciones de restricción efectiva de la libertad que determinará un magistrado JEP. Acuerdo de reparación material con las víctimas tiene en cuenta el tipo de trabajo que puede reparar el daño. Desminado, siembra, reconstrucción. Cabecillas de Farc pasarían todos un tiempo de mínimo 5 a 8 años en un espacio no carcelario si es que aportan a la verdad. Supervisados. Si los victimarios mienten o incumplen acuerdo tienen penas privativas de libertad en cárcel, de 15 a 20 años. Una mejora al acuerdo podría especificar cual es el espacio donde se cumple la sanción, poder imaginarlo, saber que es restricción efectiva de la libertad y de derechos de movilización.
5. Renuncia de las FARC al narcotráfico.


Desligue completo del negocio del narcotráfico de la política. Sustitución de cultivos, erradicación manual, control de zonas por parte del estado, rutas, etc. Acuerdo expreso para desligar la política del  narcotráfico.


Podría mejorarse este punto, por ejemplo, adoptando medidas de fumigación de cultivos con productos no letales para la población. (Acuerdo 4 de la Agenda)


6.  Concentración de tropas para favorecer el desarme y desmovilización.


Ya pactado y protocolizada la concentración, podríamos ver 23 zonas veredales y 8 campamentos con guerrilla concentrada durante 180 días, momento en el cual la ONU supervisará la dejación efectiva de la totalidad de las armas.


Estas son las mutuas concesiones, desde un plano muy general y sustancial. Por debajo de cada uno de los puntos, hay gran profundidad y detalle dentro de los acuerdos. Pero esa misma es la esencia de los mismos.


El objetivo central de esta fórmula es la reconciliación nacional y el restablecimiento de los derechos de las víctimas.


Crea un Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición que plantea además un castigo menos severo aunque comparable con la cárcel, pero que contempla un aprovechamiento de ese tiempo para reparar y resocializarse.


No será una fórmula perfecta para quienes quisieran ver un mayor castigo. Pero ofrece verdad y reparación a las víctimas,  y es viable para hacer la paz con las Farc porque las desarma y saca del escenario de violencia nacional en el que llevamos ya casi 60 años.


Para una exploración extensa de los mismos sugiero los siguientes enlaces producidos por la Oficina del Alto Comisionado para la Paz...







Como se puede ver, el Acuerdo Base tiene presentación, y es sujeto de ciertas mejoras. Por el contrario, pretender por ejemplo la oposición eliminar el tribunal de justicia JEP y pasarlo a nuestra jurisdicción ordinaria, es un tema que con las Farc tardó más de un año en acordarse. Por eso quiero insistir en el concepto de viabilidad en la re negociación. Como colombianos tenemos que desarrollar el criterio para determinar qué es posible de acordar con una contraparte que no perdió la guerra en el terreno, y se quiere desarmar para participar en política.

¿Podremos acaso ser tan miopes de querer a cambio encarcelarlos y eliminarles participación política a sus líderes formales y naturales, por ejemplo?

¿Qué necesita acaso un combatiente para decidirse a dejar su fusil sin haber sido vencido?

Esas y otras preguntas de corte muy existencial y filosófico no han sido respondidas por los miembros del CD. Entender el acuerdo no fue lo suyo. Su afán fue salir a propagar el chisme. Ese rumor que destruye, que circula en los pasillos de las malas organizaciones. El rumor de que algo muy malo va a pasar. Sin estar basados en hechos y datos.

La cobardía de no saber promover la verdad en un debate. Las argucias para engañar, deslegitimar, tergiversar. El TODO VALE del señor Juan Carlos Velez, director de la campaña opositora. Juan Carlos Velez confesó sus picardías

La campaña de resistencia civil - esta sí, denominada #AcuerdoYa (Ver Manifiesto ciudadano), que se unió a todas las marchas del 5 de Octubre conocidas como #MarchaDeLaPaz necesita aprender a defender el acuerdo, siendo flexible en muchos puntos de mejora que pueden ser viables. La oposición no nos puede llevar con su intransigencia a un punto muerto en donde no se puede alcanzar un pacto nacional, como ellos mismos lo sugirieron.

Será la calle activa con sus estudiantes, la sociedad civil entera,  la que obligue al país a darle la lectura a los acuerdos que nunca en verdad pudo ser dada ni tenida en cuenta. Cada colombiano deberá poder entender el POR QUÉ de los Acuerdos ya logrados y ya surtidos con las Farc. ¿Cual es su conveniencia? ¿Cómo y por qué pueden y deben mejorarse. Tanta gente que quiere la paz se merece que los del NO entiendan qué fue lo que rechazaron. Se lo vamos a ayudar a explicar a toda Colombia como fuerza ciudadana que ya no está separada y clama por la paz como una sola voz.



Luis Carlos Jacobsen
Octubre 6 de 2016, cuatro días luego del plebiscito.

domingo, 7 de agosto de 2016

¿Cuánta justicia hay en los Acuerdos de Paz?



Según lo acordado en el acuerdo sobre Víctimas, y comprometido con ser fiel a la verdad de lo que dicen los textos, me animé a escribir esto con puro ánimo de pedagogía de paz.

Si refrendamos los Acuerdos de paz anunciados el 24 de Agosto de 2016 en plebiscito abierto, incluyente y transparente, ésto es lo que veremos en materia de justicia para todos los actores del conflicto responsables por delitos muy graves.

  1. Los Responsables de delitos no amnistiables como Crímenes de Lesa humanidad y crímenes de guerra cometidos por cualquier actor del conflicto y con ocasión del mismo, comparecen ante Tribunal JEP - Jurisdicción Especial para la Paz para ser juzgados por unos magistrados de reconocida experiencia. En juicio que investiga y descubre la verdad, que incentiva la verdad de la víctima con una sanción restrictiva de libertad más laxa.

  1. Un Proceso de Verdad con participación de víctimas y victimarios  en la Comisión solemne, en el que victimarios reconocen su responsabilidad frente a sus víctimas. Instancia que en Sudáfrica ayudó a muchas víctimas a sanar, al encontrarse con la certeza de los hechos que rodearon la muerte de un ser querido. Un eventual Espacio para el arrepentimiento. Y para el perdón posible. La Reconciliación potencial entre víctimas y victimarios.

  1. Un Acuerdo de reparación: Contribución material de la guerrilla como colectivo, con obras y trabajos de cada guerrillero para reparar a las comunidades, y sanciones reparadoras acordadas entre víctima y victimario. Este acuerdo se funda en el reconocimiento del daño causado y las ansias de deshacer algo del mal.

  1. La Ubicación en lugar de reclusión no carcelario. Es cierto que no hay cárcel con barotes 8 años. Sí hay Sanción restrictiva  de libertad efectiva, verificable, con posibilidad de trabajo en desminado, siembra, construcción o reparación. No es cárcel con barrotes. Es un espacio de alojamiento que brinda techo y alimentación para desarrollar unas labores.

  1. El castigo: 5 a 8 años de sanción restrictiva de la libertad efectiva, como mínimo. Es así como todos los responsables de delitos de lesa humanidad y contrarios al DIH aportan a la verdad y la reparación de víctimas, y reciben sanción restrictiva de la libertad dictada por un magistrado de la JEP.

  1. Garantía de no repetición expresa que compromete a victimarios con sus víctimas a nunca jamás causar ese dolor y ratificando así que reconocen el daño. Reconocen a la víctima, como quien valora a alguien a quien antes se maltrató.

  1. Pena de cárcel de 15 a 20 años para aquellos victimarios que no reconozcan su responsabilidad,  mientan o incumplan acuerdos o garantía de no repetición.


De esta manera, hoy puedo decir mirando a los ojos de cualquiera que quiera escucharme, que el acuerdo alcanzado NO ES UN ACUERDO DE IMPUNIDAD. No lo es porque existe un juicio de responsabilidad que pone de presente y antes que nada, a la víctima. La pena aquí no es importante. ¿Igual, qué son 8 años para semejantes vejámenes? Lo importante es todo el andamiaje creado. El sistema para hacer que las víctimas puedan considerar sanar y seguir adelante sin tanto dolor. La comisión de la Verdad es un espacio solemne para un encuentro muy humano. Doloroso quizás. Lo que pase ahí depende de los citados. De cualquier manera que se mire, es un lugar para que ocurran milagros y reencuentros con la verdad.

Y si estas sanciones y este esquema de castigo lograron un acuerdo de desarme con las Farc, con más razón lo apruebo. Porque es pragmatismo puro. No es ceder siquiera. Es ser tan creativos para combinar justicia restaurativa con justicia sancionatoria, para poder decir que se han inventado una Institución para la Reconciliación a partir del perdón. Justamente eso es lo que me parece más valioso del acuerdo. Mucho más que andarme rasgando las vestiduras "porque la carcel no tiene barrotes, es decir, no hace pudrirse a esos colombianos que tanto estoy decidido a seguir odiando hasta que paguen."

Penas alternativas. No cárcel. Es aquello además de participación política con lo que logramos quitarles sus armas y desmovilizarlos. Y reinsertarlos a nuestra sociedad. Con un alto costo económico que jamás tendrá comparación con el valor de que los colombianos nos reconozcamos, nos valoremos, y nos perdonemos. Imagino a Colombia reconciliada. Pero solo lo puedo imaginar si existe un encuentro con la verdad de lo que fue la guerra que supimos acabar.

Para mayor profundidad y detalle, véase el excelente video de Juanita Goebertus del Equipo de Paz del Gobierno.

https://www.youtube.com/watch?v=O7JDOTualIU


Luis Carlos Jacobsen
Agosto 25 de 2016

Perdonar a las Farc



Perdonar a las Farc

Yo sí podría perdonar a las Farc y a los demás actores del conflicto colombiano. Los podría perdonar con una condición inamovible. Las perdonaría si fuéramos capaces de verificar que:


  1. Comparecen ante la Jurisdicción Especial para la Paz - JEP, a aclarar su situación por voluntad propia o por sindicación de un grave hecho delictivo con ocasión del conflicto armado, por graves delitos no amnistiables excluidos del DIH.


  1. Enfrentan a la víctima en Comisión de la Verdad. Solemnemente y de cara a la Ella, el victimario ofrece información, que constituye verdad para sanar. Se dan condiciones para un posible arrepentimiento. Puede darse un eventual perdón de la víctima como sucedió en Sudáfrica en idéntica comisión..


  1. Reconoce su responsabilidad por un hecho imputado. Reconoce que hizo algo grave que merece castigo y reconocimiento de su víctima.


  1. Acuerda una reparación material con la víctima, que puede pagar con trabajo en centro de reclusión especial.


  1. Ofrece a la víctima una garantía real de No Repetición.


  1. Cumple cabalmente con su sanción restrictiva de libertad efectiva, designada por un magistrado JEP. Sanción de 5 a 8 años, trabajando, desminando, construyendo, o sembrando. No me importa que no tenga barrotes la cárcel.


De esta manera me es más fácil perdonar.


Y es exactamente lo que está acordado en materia de justicia y atención de víctimas en el Acuerdo de Paz.  No veo impunidad. Veo un mecanismo de castigo y reparación sólido, que hace posible entrega de armas y desmovilización del enemigo. No habrá si acaso cárcel. Pero igual…, ¿qué son 8 años de cárcel para semejantes delitos? Es preferible enfocarnos en las víctimas. En su reparación y la restauración de sus derechos. En el hecho real de que es posible parar un conflicto muy largo, con una solución política negociada, que algunos no verán perfecta, pero que que es viable para hacer la paz con las Farc.


Que nos hace posible y de inmediato intensificar el delicado proceso de desminado que no da más espera. Reparar los bosques destruidos. Sustituir cultivos. Producir más alimentos y comida. Sanar víctimas. Devolver gente a su lugar de origen luego
de ser desplazados. Titular tierras. Hacer justicia en el campo. Y obtenemos la verdad tan necesaria para sanar un conflicto tan largo y difícil. Y confirmamos que sea la democracia fortalecida con más opciones legítimas la que defina nuestra  política nacional.

Para mayor y más profunda información.




Luis Carlos Jacobsen

Agosto 7 de 2016

viernes, 1 de julio de 2016

No matarnos más

Luego del maravilloso anuncio del 23 de Junio en el que vimos al Presidente de Colombia y al jefe máximo de la guerrilla de las Farc reconociéndose como dignos contendores políticos, ya no militares..., se ha escrito de todo. Inclusive se ha llegado a decir que así como fue el evento histórico nacional de último siglo, otras personas lo llamaron un circo, un reality, una pantomima sin valor ni trasfondo para el país. Analicemos eso a fondo.

Los colombianos contarán con la sabiduría para elegir . Como esto es pura opinión, y las opiniones son como colores, a mí me encantó el acto. Me gustaron las palabras de Timochenko. Me gustaron mas las de Santos en cuanto a reconocer el derecho de estas de participar en política, marcando claras diferencias con sus creencias y credos políticos.

El día que se formalizó no darnos más bala con las Farc, ni recibir de ellos extorsiones, amenazas, desplazamientos o despojos de tierras, nuestro país cambio. Por la polarización en que andamos aún no nos hemos dado cuenta. Las Farc fueron nuestro enemigo. Aprendimos a odiarlas, nos hicieron temerles. Nos hicieron ver posible terminar en el monte producto de cualquier pesca milagrosa. Nos vimos disminuídos como estado en una toma como la de Mitú, en donde nos diezmaron militarmente. La guerrilla de las Farc ha sido uno de los grandes males de este país, y eso está bien claro. Recordamos Bojayá, o el Nogal, y por donde veamos, no le vemos nada bueno.

Y en cambio? Qué hacemos con el resto de 49 millones de colombianos? Yo sí les veo un potencial muy bueno. Yo veo una nación dividida, ávida de encontrar su norte común. Yo veo colombianos hermanos divididos por política, sin darnos cuenta que llegó el cese del conflicto con las Farc. Los noticieros han tenido que pasar a rellenar sus espacios reservados para orden público, a otro tipo de noticias más ligeras atractoras de buen rating. El acuerdo de paz beneficia a toda Colombia, porque no saber ni ver que nos estamos matando todos los días, sean estas muertes de guerrilleros, lo sean de militares o policías, o de comerciantes secuestrados, nos hace re valorar la vida y notar que debería ser lo cotidiano dirimir nuestras diferencias políticas sin necesidad de matarnos. Con el derecho a la elegibilidad, por ejemplo. No matarnos y para ello ver a las Farc desarmarse es fuente de empleo, de atracción de inversión, de migración laboral. No matarnos implica hacer más fácil el control del medio ambiente por la tala de bosques o los efectos de la minería ilegal. No matarnos nos hará posible a más colombianos visitar lugres mágicos y recónditos en donde nos podamos abrazar con otros colombianos.

Por ese motivo, ¿estamos a punto de cesar el conflicto con las Farc, y todavía nos sigue dando la gana odiarlos? ¿Esperar haberlos sometido por la fuerza para imponerles una paz romana, de victoriosos y vencidos? A qué costo, en vidas humanas, violencia y desolación? ¿Qué sacamos en verdad no creyendo en la Comisión de la Verdad, cuando es seguro que la solemnidad de los testimonios nos dará reconciliación? ¿Cómo no apostarle a lo que tenga que decir la iglesia ecuménica, la que acoge todos los mejores principios de todas las religiones, acerca de la paz?

¿Cómo es que no vamos a valorar ser de nuevo una sola nación?
Reiterando que es solo mi opinión, yo si prefiero perdonarlos. Perdonarlos eso sí, exigiéndoles el cumplimiento de cada punto del acuerdo firmado. Asegurándome de que nos entregan a manos de la ONU hasta el último cartucho de munición sin guardar armas por ahí "para cuando sea necesario..." Perdonarlos si nos cuentan la verdad de sus crímenes a la cara de las víctimas, si piden perdón individualizado. Si reconocen su responsabilidad penal por encima de la defensa de cualquier lucha política. Sin justificación que valga. Si eso es así, yo los acojo y reconozco en la vida política nacional. Igual que lo dijo Santos, yo tampoco jamás votaré por ellos. Pero valoro y reconozco que nos vayan a entregar sus armas y no me cuesta a cambio darles penas alternativas y participación política. Puesto que me dan la verdad. La verdad y el reconocimiento de las víctimas. La verdad de lo que aquí pasó. Para poder sanar. Y arrancar de nuevo como nación.

Lo que pasó el 23 de Junio no hizo llorar a muchos. Sobre todo, a los que lo esperábamos desde hace casi 4 años en que creímos en la seriedad del proceso que se venía. Y vamos a defender con toda la oportunidad de paz que se ofrece por fin para Colombia. Y por igual, velaremos por el cumplimiento de los acuerdos del gobierno. Como por ejemplo, uno dificilísimo, proteger la vida de cada desmovilizado. ¿Nos ayudará el uribismo en esto, demostrando convicción de la necesidad de defender estos personajes?

No matarnos más, como quiera que se mire, es lo mejor que nos puede pasar al país como nación en los últimos tiempos de que tengamos memoria. Y eso es apenas el principio de enormes nuevos desafíos aún desconocidos para todos. Por supuesto que no matarnos más es un riesgo que todos decidimos correr. Desde el que suelta el fusil y queda expuesto a una vida desarmada, hasta el que tuvo el poder de decidir la vida de otros.

No matarnos más. Esa es la decisión más inteligente que podemos imaginar juntos.


Luis Carlos Jacobsen
1.07.16

martes, 15 de marzo de 2016

"Guerrilleros mataré, y su sangre beberé"

Me perdono

Cuando yo era más joven, odiaba a los guerrilleros. Me alegraba con su muerte. Tenía 14 años y mi hermano mayor acababa de ser reclutado a la fuerza por el Ejército. Aunque nos decían que “los soldados bachilleres no van a combate”, en mi casa su partida fue un drama. Era perder a un hijo, momentáneamente, pero por la fuerza. Para prestar un servicio al Estado que nadie pidió.

Con mi hermano en el Ejército, me interesé más por la guerra. Abría el periódico a comienzos de los años 80 y leía las noticias sobre combates y bajas guerrilleras. Y pensaba: “vamos ganando”. Así de simple. Así de brutal.

No entendía entonces por qué cuando salíamos de fiesta nos detenían redadas del Ejército. Nos pedían papeles. Buscaban “gente de izquierda”. Buscaban al enemigo. En pleno Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala. Pero como yo no era guerrillero, no me importaba. Que requisaran, que acosaran, que detuvieran. “Conmigo no es”.

Hasta que me llegó el turno de prestar servicio militar. A los 18 años, sin escapatoria, me presenté como voluntario, soñando con un cupo en el batallón del Sinaí, lejos de la guerra. Me repetía: “soy bachiller, no me toca combate”.

Y sin embargo, trotábamos en formación al ritmo de esta canción:

“Ay bendito, mi Diosito,
cuando salga yo de aquí,
a combate, a la guerra,
a matar los guerrilleros…
Guerrilleros mataré,
y su sangre beberé…”

La cantaba sin pensarlo. Como todos. Sin cuestionarlo. La guerra no era conmigo. Eso les tocaba a los soldados regulares. A los jóvenes de mi país iguales a mi solo que más pobres y sin la universidad esperando por ellos. Y así, salí del Ejército y seguí mi vida de colombiano promedio, odiando a los guerrilleros. Entre más muertos dejaba un bombardeo, más cerca creía que estábamos de la paz. De la victoria.

Hasta que supe de los mal llamados falsos positivos.

Y algo dentro de mí se rompió.

Me imaginé a mí mismo, uniformado, obligado por un superior, deteniendo a un campesino, vistiéndolo de guerrillero, matándolo, reclamando una recompensa. Y un escalofrío me atravesó el cuerpo. Pensé: “pude haber sido yo”. Y entendí, por primera vez, que no hay honor en una guerra donde matar a otro colombiano te convierte en héroe.

Desde entonces, no he dejado de pensar. En los cantos del Ejército. En los privilegios que han definido esta sociedad. En lo fácil que fue para mí odiar desde la seguridad de no tener que disparar. En lo injusto que es defender la guerra… pero que la peleen los hijos de otros.

Y cambié.

Leí El Olvido que Seremos, de Héctor Abad. Me dolió. Me dolió darme cuenta del silencio cómplice con el que pasé por las muertes de líderes sociales, defensores de derechos humanos. Por estar “del lado del Estado”, convertí a sus enemigos en los míos. Alimenté la guerra desde adentro. No sabía —y duele decirlo— que muchos de esos guerrilleros bombardeados eran jóvenes como yo, reclutados sin otra esperanza que la guerra.

Y cuando uno se da cuenta de que se alegró con esas muertes… mientras lloraba las de los soldados… entiende que algo muy podrido se había instalado dentro de uno. Que hubo colombianos cuya muerte no solo no me dolía, sino que me parecía necesaria.

Por eso, más allá de lo que pase con el actual proceso de paz —y asumiendo los insultos que vienen por hablar así— me declaro enemigo acérrimo de la guerra. En todas sus formas.

Y me perdono.

Me perdono por haber odiado al colombiano guerrillero. No legitimo su causa. No me alegra verlo muerto. No votaría por él. Pero necesito que entregue sus armas, ya. Porque quiero terminar de perdonarlo.

Creo en una Colombia en paz. Y creo en este proceso. Porque no se trata de impunidad, sino de la posibilidad de que víctima y victimario se miren a los ojos, se digan la verdad y, si se sienten capaces, se abracen.

El proceso de paz tiene caminos propios. Se sostiene sobre la justicia y sobre algo más profundo: el reconocimiento. El valor de cada vida. De toda vida.

Mi causa, desde ahora, es que me dolerá la muerte de cualquier colombiano: soldado, guerrillero, empresario, líder de izquierda, defensor de derechos humanos. Todos. Porque el primer cambio que tenemos que hacer los colombianos es recuperar el valor de la vida. Sin condiciones. Sin bandos. Sin excusas.

Y esa lucha no estará completa hasta que cese todo conflicto armado. Porque solo ahí empieza de verdad la paz.


viernes, 11 de marzo de 2016

Mi concierto con los Rollin Estons


Desde muy niño estoy seguro que he venido escuchando a los Rolling Stones aún de forma inconsciente. Y sus melodías se vinieron metiendo en mi disco duro musical de forma natural, hasta llegar a admirarlos y respetarlos, sin siquiera volverme su fan.

No conozco lo que dicen la letra de sus canciones más allá que simpatía por el diablo, pintado de negro, no puedo satisfacerme, o bajo mi dedo... Luego en mi vida desde los 25 por ahí, nunca faltó la buena fiesta donde no se escuchara para brincar juntos, Start me up, I can´t get no satisfaction, Wild Horses, y si acaso otras dos por ahí. El repertorio completo debe ser muy generoso. No lo conozco. Sin embargo anoche quise regalarme esa experiencia de ver a Mick Jagger, y toda su banda en toque adaptado a Bogotá, tocando a sus 72 años a 2600 mts sobre el mar, viniendo de Buenos Aires y Lima.

Un monstruo que me inspiró en escenario mi mayor de los respetos. Porque se entregó en cada momento habiendo dedicado talento y experiencia para cada detalle que irí entre canción y canción. Si se drogan ni me importa. Yo vi músicos en su bien entrada tercera edad" celebrando la vida, celebrando su éxito, de la manera más pulcra y profesional que cualquiera haya visto antes. Estuvieron tan sobrios y presentes en el escenario que gracias a unas super pantallas gigantes pudimos ver a Keith rasgando impecable las cuerdas de su guitarra. Pudimos sentir la camaradería entre el grupo. El equipo que han formado. Las bandas que perduran sin salirse sus miembros a la aventura de ser solistas son muy pocas. Y una banda que lleva en acción 50+ años es  una banda importante por su manera de haberlo aprendido a hacer juntos.

Ayer mis ojos se aguaron. Escuchar a Jagger todo el tiempo dirigirse al público en español, en divertido español, "parceros, del putas, obleas, Bogata", en fin. Richards dijo "que era bueno estar aquí", y corrigió diciendo que ES solo bueno estar en todos lados. Y muchos pensamos..., y sentimos lo que estaba pasando.

El coro de la Javeriana, unas solistas fantásticas, Juanes, un escenario impecable hicieron que todo junto estuviera perfecto.

Ver a los Stones en Bogotá fue para mí como cumplir un sueño que nunca había soñado. Cuando los vi en escena mi corazón latió con mas fuerza y me conecté con la energía de los más cercanos para ser UNO con todo el estadio, en torno a una misma canción. Y Mick ahí, moviéndose hasta chistoso, como desgualetado. Sin embargo un vestido impecable. La buena salud de los flacos, digo yo. Caminando rápido como queriendo con eso decirnos algo. Un hombre libre, un rebelde de todas las épocas con un estado físico como de 20 años. Una voz potente en todo momento para darnos un espectáculo musical como la que los Bogotanos como público nos merecemos, pagando los precios que con gusto pagamos.

Y deteniéndome a pensar, íntimamente, en aquello que me tocó el alma anoche y me hizo aclarar las cosas y ver distinto..., fue ver a un hombre feliz enamorado  de su arte, de su fervor por el rock con impecable origen que hicieron sonar desde blues. Painted black... Un hombre que está más allá de parecer que no le pasa el tiempo. Es más bien su espíritu el que ha estado ahí sin importar la edad. Ese que sigue siendo el mismo. El mismo que baila con sus caderas desenfrenadas, corre, se mueve, y se divierte hablándonos en español.  

Ayer ví que Mick Jagger con su banda, es un espíritu libre. Desbordadamente sencillo. Muy humano. Muy conectado con su presente, cosechando una buena vida y una inigualable carrera. Lastimosamente se separó Pink Floyd, los Beatles, se murió Bob Marley y sus Wailers. ¿Qué sería de ellos hoy tocando juntos?

Nunca se sabrá. Sin embargo fuimos a ver a los Rolling por haber cumplido ese desafío de perdurar y sobreponerse a todo tipo de tormentas. Mick Jagger y su grupo es una banda de tipos buenos. Generosos. Divertidos. Que me lograron confundir ayer tantas veces viéndolos como de 20 años. Y también como hermanos. Profesionales. Humanos. 

La música está ahí para evocarnos los momentos de nuestras vidas. Ayer me di cuenta que en mi vida el señor Mick Jagger ha estado siempre rondando por ahí. Y extrañamente, he notado que quienes escuchamos a los Rollings demostramos siempre camaradería, y nos es fácil "pasarnos" juntos esa buena empatía juntos con el otro...

Gracias Rolling Stones por darme más vida, y hacerme para siempre llevar conmigo estas palabras.

"You can´t always get what you want, You can´t always get what you wan´t, but if you try sometime, you find... You get what you need."

"No puedes siempre obtener lo que quieres, no puedes siempre obtener lo que quieres, pero si lo intentas a veces, lo encuentras. Recibes lo que necesitas."

Por que recibamos justo lo que necesitamos, por rejuvenecernos y recuperar más fe en la vida, gracias, gracias, gracias. 

Otro Rolling Stone
Marzo 11 de 2016

domingo, 6 de marzo de 2016

Ubuntu - Una filosofía útil para reconciliarnos

La esencia de Ubuntu comprende unas ideas que sirven como condición para la reconciliación y la vida pacífica en comunidad. Pensando en nuestro país y considerando la milagrosa utilidad de ésta idea en su momento para acabar la segregación racial en Sudáfrica, rescato esta interesante historia que cruzó recientemente por la red.
Hay una tribu africana que tiene una linda costumbre. Cuando alguien hace algo errado o perjudicial para otro y que afecta los intereses o bienes colectivos, ellos llevan a la persona al centro de la aldea y toda la tribu viene y lo rodea. Durante dos días, ellos le dicen todas las cosas buenas que han visto que él (o ella) hizo. Lo hacen porque allí las tribus creen que cada ser humano viene al mundo como un ser bueno. Cada uno de nosotros vive deseando seguridad, amor, paz y felicidad. Pero a veces, en la busca de esas cosas, las  personas se equivocan y violan preceptos comunitarios. La comunidad ve aquellos errores como un grito de socorro. Ellos se unen entonces para reconocerlo, para conectarlo con quien es realmente, hasta que se logre acordar plenamente de su verdadera esencia de la cual se alejó temporalmente:
“Yo soy bueno.”
SAWABONA, es el saludo usado en África del Sur y quiere decir: “Yo te respeto, yo te valoro. Te veo. Eres importante para mí.” En respuesta las personas contestan SIKHONA, que significa: “Entonces, yo existo para ti, estoy aquí.”
"Te veo... Estoy aquí.
“Yo soy porque tú eres."
Pensando  en  la idea esquiva de reconciliarnos como colombianos, utópica para muchos, me aferro aún a la certeza de que a toda nuestra nación le conviene vivir sin el conflicto presente que sigue latente. No podemos seguirnos negando los unos a los otros. Por eso recuerdo con cariño las palabras del médico catalán Albert Figueras, escritor del libro Ubuntu, el triunfo de la Concordia. “La guerra es algo tan ilógico, que alcanzar la paz se escapa por igual a la lógica tradicional.”
No podemos abrazar  la  idea  de  la posibilidad  de paz  desde la  lógica tradicional propia de la razón. Necesitamos contar con un entendimiento más profundo de la vida en comunidad, y es posible hacerlo con historias de como viven otras comunidades en lugares lejanos. Echar mano de elementos espirituales. No racionales. Un nivel de compasión mayor para mantener el sentimiento de que vivimos dentro de la misma tribu. Allá donde se respeta y reconoce a cada individuo, con el fin de garantizar la existencia de los demás.
“Los ojos que tú miras no son ojos porque tú los veas. Son ojos porque te ven”
En la frase frase de Antonio Machado radica la filosofía de la otredad. La validación de la existencia del otro como acto necesario para concebirnos viviendo en un mismo territorio. Los colombianos nos hemos venido negando unos a otros. "Mi existencia depende de que Usted no exista. Mis ideas son válidas siempre que las suyas no lo sean. Los comunistas no deben existir y ese pensamiento debe ser extirpado. El capitalismo es la fuente de todos los males nacionales y no debería haber ricos." Y así nos la pasamos...

Otra  historia muy impactante de las tribus sudafricanas existe para el caso del asesinato de un miembro de la tribu…
El victimario es enviado a vivir durante 1 año a la casa de las víctimas, donde la familia del asesinado. Pasado ese  año, el victimario es  llevado a un río y lanzado al agua con una piedra pesada atada a su cuerpo. Aguas abajo, cerca de allí,  las víctimas tienen la oportunidad privilegiada de dejar ahogar al asesino de su pariente, o de rescatarlo y salvarle la vida.
Se dice que nunca nadie ha dejado ahogar a alguien permitiendo una muerte segura. Pues haciéndolo, además de víctimas de un acto irracional que sufrieron, serían también victimarios de otro crimen que tuvieron la oportunidad de perdonar. Nadie se ha ahogado, dicen, porque allí es sabido que es más fácil perdonar al victimario que demuestra su arrepentimiento y se le conoce en verdad como persona.
La  familia sana con el perdón. La tribu también. Y el asesino lo hace muy seguramente, sabiendo que le fue perdonada su vida, habiéndole sido permitido volver a nacer.
Hoy pienso que el perdón es necesario si queremos vivir otra vez en paz. Lo que es clave y hace posible el perdón es el genuino arrepentimiento del victimario. La reconciliación es posible para Colombia. Es necesario prepararnos con una buena cuota de perdón si nos ofrecen las condiciones que lo hacen posible. Y estoy seguro que el concepto Ubuntu está presente y fresco en las diferentes etnias indígenas que habitan nuestro país porque es sabiduría milenaria y universal, orientada al bien común.
El acuerdo de Justicia realizado con las Farc contempla una oportunidad de encuentro solemne con la Verdad para las víctimas contada por su victimario. Y también implica castigo mediante restricción efectiva de su libertad en lugar especial de reclusión. El acuerdo de la Jurisdicción Especial de Paz JEP es para todos los actores del conflicto, lo que hace que se puedan beneficiar militares condenados a penas de 35 años y más. Esta plantea una forma mucho más elevada de justicia que la de la la justicia ordinaria con penas de cárcel y ausencia de verdad y arrepentimiento. Y sobre todo, es un modelo de justicia restaurativo que permitió el desarme de miles de combatientes que no habrían caminado hacia la paz de haberse expuesto a penas de la justicia penal ordinaria. Si ello es así, podríamos hacer la siguiente reflexión: 

¿Valdría acaso la pena no haber adoptado el concepto de justicia restaurativa y estar persiguiendo a las Farc armadas todavía en el monte para matarlos o encarcelarlos ceñidos a la justicia penal que hasta ahora conocíamos?

Luis Carlos Jacobsen
@LuchoJacobsen
Junio de 2017