jueves, 6 de octubre de 2016
Luz en la Oscuridad
domingo, 7 de agosto de 2016
¿Cuánta justicia hay en los Acuerdos de Paz?
Si refrendamos los Acuerdos de paz anunciados el 24 de Agosto de 2016 en plebiscito abierto, incluyente y transparente, ésto es lo que veremos en materia de justicia para todos los actores del conflicto responsables por delitos muy graves.
- Los Responsables de delitos no amnistiables como Crímenes de Lesa humanidad y crímenes de guerra cometidos por cualquier actor del conflicto y con ocasión del mismo, comparecen ante Tribunal JEP - Jurisdicción Especial para la Paz para ser juzgados por unos magistrados de reconocida experiencia. En juicio que investiga y descubre la verdad, que incentiva la verdad de la víctima con una sanción restrictiva de libertad más laxa.
- Un Proceso de Verdad con participación de víctimas y victimarios en la Comisión solemne, en el que victimarios reconocen su responsabilidad frente a sus víctimas. Instancia que en Sudáfrica ayudó a muchas víctimas a sanar, al encontrarse con la certeza de los hechos que rodearon la muerte de un ser querido. Un eventual Espacio para el arrepentimiento. Y para el perdón posible. La Reconciliación potencial entre víctimas y victimarios.
- Un Acuerdo de reparación: Contribución material de la guerrilla como colectivo, con obras y trabajos de cada guerrillero para reparar a las comunidades, y sanciones reparadoras acordadas entre víctima y victimario. Este acuerdo se funda en el reconocimiento del daño causado y las ansias de deshacer algo del mal.
- La Ubicación en lugar de reclusión no carcelario. Es cierto que no hay cárcel con barotes 8 años. Sí hay Sanción restrictiva de libertad efectiva, verificable, con posibilidad de trabajo en desminado, siembra, construcción o reparación. No es cárcel con barrotes. Es un espacio de alojamiento que brinda techo y alimentación para desarrollar unas labores.
- El castigo: 5 a 8 años de sanción restrictiva de la libertad efectiva, como mínimo. Es así como todos los responsables de delitos de lesa humanidad y contrarios al DIH aportan a la verdad y la reparación de víctimas, y reciben sanción restrictiva de la libertad dictada por un magistrado de la JEP.
- Garantía de no repetición expresa que compromete a victimarios con sus víctimas a nunca jamás causar ese dolor y ratificando así que reconocen el daño. Reconocen a la víctima, como quien valora a alguien a quien antes se maltrató.
- Pena de cárcel de 15 a 20 años para aquellos victimarios que no reconozcan su responsabilidad, mientan o incumplan acuerdos o garantía de no repetición.
https://www.youtube.com/watch?v=O7JDOTualIU
Luis Carlos Jacobsen
Agosto 25 de 2016
Perdonar a las Farc
Yo sí podría perdonar a las Farc y a los demás actores del conflicto colombiano. Los podría perdonar con una condición inamovible. Las perdonaría si fuéramos capaces de verificar que:
- Comparecen ante la Jurisdicción Especial para la Paz - JEP, a aclarar su situación por voluntad propia o por sindicación de un grave hecho delictivo con ocasión del conflicto armado, por graves delitos no amnistiables excluidos del DIH.
- Enfrentan a la víctima en Comisión de la Verdad. Solemnemente y de cara a la Ella, el victimario ofrece información, que constituye verdad para sanar. Se dan condiciones para un posible arrepentimiento. Puede darse un eventual perdón de la víctima como sucedió en Sudáfrica en idéntica comisión..
- Reconoce su responsabilidad por un hecho imputado. Reconoce que hizo algo grave que merece castigo y reconocimiento de su víctima.
- Acuerda una reparación material con la víctima, que puede pagar con trabajo en centro de reclusión especial.
- Ofrece a la víctima una garantía real de No Repetición.
- Cumple cabalmente con su sanción restrictiva de libertad efectiva, designada por un magistrado JEP. Sanción de 5 a 8 años, trabajando, desminando, construyendo, o sembrando. No me importa que no tenga barrotes la cárcel.
Agosto 7 de 2016
viernes, 1 de julio de 2016
No matarnos más
martes, 15 de marzo de 2016
"Guerrilleros mataré, y su sangre beberé"
Me perdono
Cuando yo era más joven, odiaba a los guerrilleros. Me alegraba con su muerte. Tenía 14 años y mi hermano mayor acababa de ser reclutado a la fuerza por el Ejército. Aunque nos decían que “los soldados bachilleres no van a combate”, en mi casa su partida fue un drama. Era perder a un hijo, momentáneamente, pero por la fuerza. Para prestar un servicio al Estado que nadie pidió.
Con mi hermano en el Ejército, me interesé más por la guerra. Abría el periódico a comienzos de los años 80 y leía las noticias sobre combates y bajas guerrilleras. Y pensaba: “vamos ganando”. Así de simple. Así de brutal.
No entendía entonces por qué cuando salíamos de fiesta nos detenían redadas del Ejército. Nos pedían papeles. Buscaban “gente de izquierda”. Buscaban al enemigo. En pleno Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala. Pero como yo no era guerrillero, no me importaba. Que requisaran, que acosaran, que detuvieran. “Conmigo no es”.
Hasta que me llegó el turno de prestar servicio militar. A los 18 años, sin escapatoria, me presenté como voluntario, soñando con un cupo en el batallón del Sinaí, lejos de la guerra. Me repetía: “soy bachiller, no me toca combate”.
Y sin embargo, trotábamos en formación al ritmo de esta canción:
“Ay bendito, mi Diosito,
cuando salga yo de aquí,
a combate, a la guerra,
a matar los guerrilleros…
Guerrilleros mataré,
y su sangre beberé…”
La cantaba sin pensarlo. Como todos. Sin cuestionarlo. La guerra no era conmigo. Eso les tocaba a los soldados regulares. A los jóvenes de mi país iguales a mi solo que más pobres y sin la universidad esperando por ellos. Y así, salí del Ejército y seguí mi vida de colombiano promedio, odiando a los guerrilleros. Entre más muertos dejaba un bombardeo, más cerca creía que estábamos de la paz. De la victoria.
Hasta que supe de los mal llamados falsos positivos.
Y algo dentro de mí se rompió.
Me imaginé a mí mismo, uniformado, obligado por un superior, deteniendo a un campesino, vistiéndolo de guerrillero, matándolo, reclamando una recompensa. Y un escalofrío me atravesó el cuerpo. Pensé: “pude haber sido yo”. Y entendí, por primera vez, que no hay honor en una guerra donde matar a otro colombiano te convierte en héroe.
Desde entonces, no he dejado de pensar. En los cantos del Ejército. En los privilegios que han definido esta sociedad. En lo fácil que fue para mí odiar desde la seguridad de no tener que disparar. En lo injusto que es defender la guerra… pero que la peleen los hijos de otros.
Y cambié.
Leí El Olvido que Seremos, de Héctor Abad. Me dolió. Me dolió darme cuenta del silencio cómplice con el que pasé por las muertes de líderes sociales, defensores de derechos humanos. Por estar “del lado del Estado”, convertí a sus enemigos en los míos. Alimenté la guerra desde adentro. No sabía —y duele decirlo— que muchos de esos guerrilleros bombardeados eran jóvenes como yo, reclutados sin otra esperanza que la guerra.
Y cuando uno se da cuenta de que se alegró con esas muertes… mientras lloraba las de los soldados… entiende que algo muy podrido se había instalado dentro de uno. Que hubo colombianos cuya muerte no solo no me dolía, sino que me parecía necesaria.
Por eso, más allá de lo que pase con el actual proceso de paz —y asumiendo los insultos que vienen por hablar así— me declaro enemigo acérrimo de la guerra. En todas sus formas.
Y me perdono.
Me perdono por haber odiado al colombiano guerrillero. No legitimo su causa. No me alegra verlo muerto. No votaría por él. Pero necesito que entregue sus armas, ya. Porque quiero terminar de perdonarlo.
Creo en una Colombia en paz. Y creo en este proceso. Porque no se trata de impunidad, sino de la posibilidad de que víctima y victimario se miren a los ojos, se digan la verdad y, si se sienten capaces, se abracen.
El proceso de paz tiene caminos propios. Se sostiene sobre la justicia y sobre algo más profundo: el reconocimiento. El valor de cada vida. De toda vida.
Mi causa, desde ahora, es que me dolerá la muerte de cualquier colombiano: soldado, guerrillero, empresario, líder de izquierda, defensor de derechos humanos. Todos. Porque el primer cambio que tenemos que hacer los colombianos es recuperar el valor de la vida. Sin condiciones. Sin bandos. Sin excusas.
Y esa lucha no estará completa hasta que cese todo conflicto armado. Porque solo ahí empieza de verdad la paz.
viernes, 11 de marzo de 2016
Mi concierto con los Rollin Estons
Desde muy niño estoy seguro que he venido escuchando a los Rolling Stones aún de forma inconsciente. Y sus melodías se vinieron metiendo en mi disco duro musical de forma natural, hasta llegar a admirarlos y respetarlos, sin siquiera volverme su fan.
No conozco lo que dicen la letra de sus canciones más allá que simpatía por el diablo, pintado de negro, no puedo satisfacerme, o bajo mi dedo... Luego en mi vida desde los 25 por ahí, nunca faltó la buena fiesta donde no se escuchara para brincar juntos, Start me up, I can´t get no satisfaction, Wild Horses, y si acaso otras dos por ahí. El repertorio completo debe ser muy generoso. No lo conozco. Sin embargo anoche quise regalarme esa experiencia de ver a Mick Jagger, y toda su banda en toque adaptado a Bogotá, tocando a sus 72 años a 2600 mts sobre el mar, viniendo de Buenos Aires y Lima.
Un monstruo que me inspiró en escenario mi mayor de los respetos. Porque se entregó en cada momento habiendo dedicado talento y experiencia para cada detalle que irí entre canción y canción. Si se drogan ni me importa. Yo vi músicos en su bien entrada tercera edad" celebrando la vida, celebrando su éxito, de la manera más pulcra y profesional que cualquiera haya visto antes. Estuvieron tan sobrios y presentes en el escenario que gracias a unas super pantallas gigantes pudimos ver a Keith rasgando impecable las cuerdas de su guitarra. Pudimos sentir la camaradería entre el grupo. El equipo que han formado. Las bandas que perduran sin salirse sus miembros a la aventura de ser solistas son muy pocas. Y una banda que lleva en acción 50+ años es una banda importante por su manera de haberlo aprendido a hacer juntos.
Ayer mis ojos se aguaron. Escuchar a Jagger todo el tiempo dirigirse al público en español, en divertido español, "parceros, del putas, obleas, Bogata", en fin. Richards dijo "que era bueno estar aquí", y corrigió diciendo que ES solo bueno estar en todos lados. Y muchos pensamos..., y sentimos lo que estaba pasando.
El coro de la Javeriana, unas solistas fantásticas, Juanes, un escenario impecable hicieron que todo junto estuviera perfecto.
Ver a los Stones en Bogotá fue para mí como cumplir un sueño que nunca había soñado. Cuando los vi en escena mi corazón latió con mas fuerza y me conecté con la energía de los más cercanos para ser UNO con todo el estadio, en torno a una misma canción. Y Mick ahí, moviéndose hasta chistoso, como desgualetado. Sin embargo un vestido impecable. La buena salud de los flacos, digo yo. Caminando rápido como queriendo con eso decirnos algo. Un hombre libre, un rebelde de todas las épocas con un estado físico como de 20 años. Una voz potente en todo momento para darnos un espectáculo musical como la que los Bogotanos como público nos merecemos, pagando los precios que con gusto pagamos.
Y deteniéndome a pensar, íntimamente, en aquello que me tocó el alma anoche y me hizo aclarar las cosas y ver distinto..., fue ver a un hombre feliz enamorado de su arte, de su fervor por el rock con impecable origen que hicieron sonar desde blues. Painted black... Un hombre que está más allá de parecer que no le pasa el tiempo. Es más bien su espíritu el que ha estado ahí sin importar la edad. Ese que sigue siendo el mismo. El mismo que baila con sus caderas desenfrenadas, corre, se mueve, y se divierte hablándonos en español.
Ayer ví que Mick Jagger con su banda, es un espíritu libre. Desbordadamente sencillo. Muy humano. Muy conectado con su presente, cosechando una buena vida y una inigualable carrera. Lastimosamente se separó Pink Floyd, los Beatles, se murió Bob Marley y sus Wailers. ¿Qué sería de ellos hoy tocando juntos?
Nunca se sabrá. Sin embargo fuimos a ver a los Rolling por haber cumplido ese desafío de perdurar y sobreponerse a todo tipo de tormentas. Mick Jagger y su grupo es una banda de tipos buenos. Generosos. Divertidos. Que me lograron confundir ayer tantas veces viéndolos como de 20 años. Y también como hermanos. Profesionales. Humanos.
La música está ahí para evocarnos los momentos de nuestras vidas. Ayer me di cuenta que en mi vida el señor Mick Jagger ha estado siempre rondando por ahí. Y extrañamente, he notado que quienes escuchamos a los Rollings demostramos siempre camaradería, y nos es fácil "pasarnos" juntos esa buena empatía juntos con el otro...
Gracias Rolling Stones por darme más vida, y hacerme para siempre llevar conmigo estas palabras.
"You can´t always get what you want, You can´t always get what you wan´t, but if you try sometime, you find... You get what you need."
"No puedes siempre obtener lo que quieres, no puedes siempre obtener lo que quieres, pero si lo intentas a veces, lo encuentras. Recibes lo que necesitas."
Por que recibamos justo lo que necesitamos, por rejuvenecernos y recuperar más fe en la vida, gracias, gracias, gracias.
Otro Rolling Stone
Marzo 11 de 2016
domingo, 6 de marzo de 2016
Ubuntu - Una filosofía útil para reconciliarnos
@LuchoJacobsen
Junio de 2017