No quiero dejar que mi experiencia de vuelo en el campeonato nacional de Roldanillo 2019 sea tan solo la historia de un aterrizaje difícil y una aburrida lesión en mi hombro. Los pensamientos podrían quedarse anclados en el incidente de ese aterrizaje desafortunado derivando en el fin de mi campeonato, y en las dificultades que tuve que sortear para poder ir, la frustración indescriptible y las horas de pensamientos negativos durante una larga manejada en solitario de regreso a casa con un brazo inmóvil. Sin embargo, esa no sería la descripción completa ni justa de toda la vivencia de esta aventura personal que entro a intentar describir lo que siento cuando hago lo que más me gusta en la vida que es volar unido a mi cometa por los aires. Me niego a quedarme con una amarga experiencia luego de haber vivido algo tan sublime e íntimo. Esta es mi historia de lo que es para mi un momento de felicidad y paz completas...
El despegue de hoy debía mejorarse y así fue. Sólido, consistente, siguiendo el dicho de que "un buen vuelo comienza con una excelente salida". El día anterior fui el hazme-reír de la competencia dado que volé sin GPS ni posibilidad de seguir la prueba. Sin embargo, seguí otras cometas hasta que pude y no las vi más. No estar ese día en competencia activa me comenzó a conectar a nivel místico con lo que sentía y veía desde allá arriba. No estaba estresado ni queriendo ganarle a nadie. Estaba viajando por los aires en una máquina que flota y hace lo que yo le diga - en términos generales y condiciones favorables. Ambos, ella y yo, aprovechamos las mismas condiciones. Ella quiere volar, y yo solo necesito concentrarme en dejarla. Sentía la suavidad, lo fácil que se enrollaba, lo seguro que mi Sunrise me permitía acercarme hacia el cerro. Hacía 21 años, en otro día de agosto había estado por esos mismos cielos con un cuerpo bastante más joven. La sensación de conciencia sobre el vuelo era este día mucho mas profunda. Habiendo vivido lo que he vivido, volar mi cometa se escapa a toda posibilidad de compararlo con cualquier otra cosa que haya hecho.
Desde hace 7 meses no volaba mi Sunrise, y sin embargo me sentí cómodo y seguro desde el primer segundo cuando despegué. Aterricé tarde luego de mas de 150 minutos de vuelo sentidos a cada instante sin conocer protocolo de whatsapp y comunicaciones de estos tiempos, y por eso fui "el piloto perdido del día." Aterricé camino a Bugalagrande en medio del valle luego de haber alcanzado cómodo los 2.850 mts. de altura, 2.000 mts. sobre el río Cauca que veía chiquito allá abajo. Tampoco supe en ese entonces que había rebasado por 250 mts. el límite impuesto campeonato! 42 km lineales de vuelo no estaban nada mal para empezar. Llegaba tarde, ya el juego había empezado y yo estaba recién adaptándome. En mis más profundos pensamientos esto es lo que comencé a saber y darme cuenta luego.
Hacía 3 años había regresado a volar luego de más de 15 años de haberlo dejado de hacer. Volver a volar una cometa fue una decisión de vida luego de superar una enfermedad que casi me la quita. Hacía más de 20 años no hacía X country, - esto es cruzar distancias llevado por las termales y los vientos, en un recorrido predeterminado. Estaba en la capital nacional colombiana donde el vuelo de distancia y estrategia tienen fama mundial. Y las largas horas de espera en mis vuelos imaginarios parece que sirvieran de entrenamiento porque estaba volando bien. Muy bien. Subía más rápido que muchas otras alas. Recuerdo la primera termal, justo a la salida, encontrarme ala con ala con Andrés Balcázar en su Litespeed a quien fui dejando atrás, más abajo. Y yo, mas y mas sorprendido por el rendimiento de mi ala mientras se iba viendo aquel más pequeño allá pequeñito enredado con la terma. ¡Estaba subiendo muy bien! "Hacer las correcciones según la intensidad del beep, empujar y dejarla "que ella lo que quiere es volar", pensaba yo como un mantra.
"Ella lo que quiere es volar, y vuela mucho mejor que yo si la dejo."
Mi hermosa ala Bautek Sunrise, de colores incomparables, modelo 98, en perfecto estado para su edad, volando a la par con las otras de su clase sport pero de estos siglos, S2, S3, U2, Litesport. Apenas me sacaban unos 5 a 7 km/h de ventaja cruzando de planeo, que intentaba compensar muy concentrado en subir más rápido que ellos. "Estoy volando en una cometa competitiva, especial para mí en su clase, y cada giro la siento más propia. ¿Mañana cómo irá a ser esto? Qué locura...", eran mis pensamientos...
El siguiente día necesitaba atender seriamente el asunto de la navegación y seguimiento de la prueba, lo cual resolví rápidamente con mi celular. Quedé con una pantalla seleccionada según mi necesidad. Velocidad, velocidad ascendente, altura, altura ganada en térmica, planeo ideal, dirección del viento y el mapa, por supuesto. La ansiedad por volar distancia había terminado. Estaba en Roldanillo, lo estaba haciendo muy bien, y ya tenía un tablero de instrumentos con información exacta para meterme a la prueba.
Recuperaba ya su lugar el profundo respeto y el descubrimiento renovado de lo maravilloso que es volar, y por igual, lo difícil que es eso de describir. ¡Me sentía seguro y feliz de que quedaban 6 días de vuelo por delante! Y cada día suele uno volar un poco mejor que el anterior, hasta que siente que la cometa es uno mismo...
Ese buen vuelo comenzó con un excelente despegue. Y muy pronto y como con un radar acústico, ya estaba subiendo sólido la primera termal a +2, +3 mts/segundo constante y eficaz. Solo un par de giros más, templo mi vela y comienzo ese proceso de cubrir tramos al máximo rendimiento de ésta, buscando las puntas sobre "el lomo de los dinosaurios" que van descendiendo en seguidilla hasta el valle. El día es clásico de Roldanillo, con sus hermosos cultivos planos y sus nubes bien definidas, sus montañas verdes, o rojas, su río, su laguna arriba entre la montaña. Con subidas térmicas consistentes cada tanta distancia, cada tanto tiempo. "Con 2.400 mts voy sobrado", me dije iniciando el primer planeo.
Hay que ir un buen tramo al norte a marcar baliza en la Antena de Higueroncito, regresar al sur a la de Bolívar, y volver al norte a marcar el puente sobre el Cauca para finalizar en la pista Roldanillo. Unos 54 km lineales que se convierten en una aventura que no conoce ruta definida. Esta la marcan las condiciones, las corrientes termales, nuestro motor. Lograr esa prueba, demandaba mantener la altura a lo largo que se avanza.
"Es como una danza sobre las teticas en las montañas", yo me imagino y eso hago. Un subir comprobando alturas suficientes para pasar y avanzar con certeza hasta un punto fijo. Ver otras cometas que vienen conmigo, y otras que cruzan raudas en dirección opuesta, punteando la prueba. Hay unas T2 y T3 que cruzan casi al doble de mi velocidad con su particular manera de silbar. Conecto con Anderson y su inconfundible hermosa ala azul turquesa. Lo sigo, me sigue, nos perdemos, nos reencontramos más adelante. Parece que vamos juntos en esta.
"Es como una danza sobre las teticas en las montañas", yo me imagino y eso hago. Un subir comprobando alturas suficientes para pasar y avanzar con certeza hasta un punto fijo. Ver otras cometas que vienen conmigo, y otras que cruzan raudas en dirección opuesta, punteando la prueba. Hay unas T2 y T3 que cruzan casi al doble de mi velocidad con su particular manera de silbar. Conecto con Anderson y su inconfundible hermosa ala azul turquesa. Lo sigo, me sigue, nos perdemos, nos reencontramos más adelante. Parece que vamos juntos en esta.
Yo nunca había volado con GPS en una prueba. Maravillado por la información que obtengo, veo claramente un camino marcado en digital sobre un mapa. Pero ese camino en líneas rectas que van y vienen, es apenas imaginario en la masa de aire de la que soy parte. El camino real es truculento, e implica recorrerlo por aquellos sitios donde se puede subir y mantenerse. Sobre esa pantalla, voy en dirección de la baliza próxima a 2300 mts (1500 mts de altura sobre el valle.) Además de indicadores acústicos de mi variómetro con los que sé si estoy subiendo, sé si estoy avanzando con viento de cola, de frente, o de lado. Lo rápido que voy, lo que subo, o desciendo. La siguiente baliza está afuerita, comenzando el valle. Higueroncito le dicen, y hay que dejar la comodidad de las corrientes ascendentes cercanas a las montañas para ir y tocar el círculo. Luego de varios intentos y apenas cerquita de los 2000 mts. arranco decidido hacia la boya circular que tengo a tres kilómetros. Acelero un poquito más que el mejor planeo pero pienso que "para qué la prisa." Vamos a volar fino hasta la baliza con los codos bien guardados. 54 km/h estables para aprovechar el paisaje pero sobre todo las otras alas que alcance a ver yendo o viniendo. Cuando me voy acercando a mi objetivo instintivamente reviso atrás por mis dos lados, cuidando de otras cometas siguiéndome. No hay nadie. "Nunca he hecho una boya electrónica y debe ser fantástico arañarla con un wing over". Acelero duro. En el instante que suena la campana en mi aparato señalando que hice logro, ya estoy soltando lenta y constante la barra a la derecha con la centrífuga que me quiere sacar del arnés. Mi ala se cae pero prefiero mirar sobre la izquierda para ver el cielo y mi ala de arriba en vez de la del suelo. Me estabilizo y como "haciendo la U" ya voy de regreso a la montaña pero solo un poco más bajo que como inicié, otra vez por las laderas, intuyendo otra vez por dónde es que el calor sube. Cuidando altura, subir para avanzar hasta la antena de Bolívar. "Stay high", recordaba las palabras de mi amigo Mike. Y por fin girando paciente y sintiendo mi ala y dejándola volar, de nuevo estoy en el filo de la cordillera. Un logro más de los varios hasta el momento.
Me acerco a la montaña confiado. De frente. Si no viro me estrello. Sobre el bosquecito que ya conocemos. Centro la termal que sube por muchos lados. Voy dejando la tierra que cuidaba con cautela y la dejo abajo cada vez más pequeña. Ahora inofensiva. Estamos tomando altura de nuevo y eso significa que estamos de nuevo en el juego! 2.400 mts. y subiendo. Cuidando hoy de no pasar el techo prohibido... 2.500 mts y el vario hace beep a +4 mts/seg. Cerquita de la base de la nube templo mi vela y hago 2 últimos giros que me ponen a 2560 mts! escapando de la nube que me quiere chupar y para no ser penalizado de nuevo. Sigo por el filo, derivando la ascendente y ganando terreno preparándome para el largo y despiadado cruce a Bolívar. Avanzo rápido, pierdo 300 mts demasiado rápido y detecto de repente un monstruo de +5 mts./seg. que logro centrar y subir consistente otra vez hasta el límite. Con timidez decido iniciar el cruce. Anderson aparece de nuevo abajo, y por ahí cerquita pasó Leo. Siento la descendente, cuido mi velocidad, meto los codos y trato de no respirar "si es que así se pierde menos altura". Veo 2 antenas, sin buscarlo noto que mi GPS pita y queda marcada la baliza. Paso la antena de arriba por el lado derecho, llego con 1300 mts y tengo 500 "para salvar el vuelo", me dije equivocadamente. Siento actividad pero el aire no está limpio ni ordenado. Hay calmas y movimientos bruscos que no auguran un ascenso fácil. La peleo a lo largo de ese filo, sin contemplar que a las 2:30 pm ya está el viento del pacífico generando rotor en el cerrito que me mantiene. Sin embargo abajo veo un humo super acostado hacia mí (viento de sur fuerte) que me hace definir un claro aterrizaje sobre tierra negra al final de la ladera que llevo tanto peleando.
Desde allí veo que Anderson llega por abajo y lo intenta pero pronto sale al valle y lo pierdo de vista. Yo he ganado unos 700 mts sobre el valle en esa lucha con aires desordenados pero nunca los termino valorando para aprovecharlos. No los considero suficientes para avanzar y vuelvo y me lo confirmo...
"Stay high", me dijo mi amigo Mike. Pero yo ya no puedo subir más. En vez de utilizar los metros que subí para tomar al norte a marcar la última baliza aún necesitado de encontrar algo por el camino, me quedo luchando queriendo garantizar más altura.
"Stay high", recordaba el consejo que apenas pudo darme, y vaya si lo seguí al pie de la letra. Queriendo subir más sin poder, y luchar, y cansarme, por igual perdí esos metros sin avanzar en la prueba, sin moverme hacia la meta. Me obstiné por un aterrizaje seguro, y con mis pensamientos sentenciaba lo que sería regresar a tierra..., "ya estuvo bueno y este vuelo ha estado maravilloso, no le pidamos más. Vámonos a aterrizar."
Unas S´s largas, una altura que no se pierde, un aire desordenado es de nuevo la percepción. 300 mts de altura para entrar bien y seguro pero el aire es inestable. Mal presagio. Un 360 bien banqueado. Sigo alto y al norte del potrero largo. Cabe otro 360. Lo giro lento y quedo enfrentado al viento. Percibo un ascensor que me baja muy rápido y sin avanzar. Ventarrón. Voy perfecto, sobre el primer tercio del potrero largo, siento un bajonazo brusco pero estable y pienso que será uno de eso aterrizajes posados con suavidad. Para reducir la velocidad de bajada empujo un poco y cerca al piso viene la primera zarandeada. Dramáticamente me la gana la cometa a la derecha y con mucho viento de lado acelero sin control. Me cuelgo del lateral izquierdo y la saco habiendo temido lo peor. Tengo control de nuevo luego de una situación muy crítica. Todo es raro. Quedo enfrentado al viento de nuevo, estoy a muy baja altura...
...
...
Estoy acostado sobre una cometa capoteada. (Volteada patas arriba, conmigo encima colgado inmóvil)
No sé qué pasó, ni recuerdo el final. Solo sé que saqué la cometa de un punto crítico, que no sé hoy de donde vino. Quedé enfrentado al viento de nuevo, bajito, cerquita del piso...
No sé qué pasó, ni recuerdo el final. Solo sé que saqué la cometa de un punto crítico, que no sé hoy de donde vino. Quedé enfrentado al viento de nuevo, bajito, cerquita del piso...
Con mucho esfuerzo me desconecto del mosquetón alcanzándolo con un solo brazo, no he notado aún que el otro brazo no me sirve, aunque no hay dolor aún. Un tubo lateral partido. Sangre en mi nariz. Magullado. Comienzo a recordar lo que pasó. Pero nunca lo entendí realmente.
Claramente, habían mejores potreros, más hacia el valle y retirados de la montaña o ser ese mismo generador de termas. Pero el error se había cometido mucho antes y este fue uno solo. Con 600 o 700 mts, no obstante lo largo del vuelo, lo cansado, sigues en la pelea. Y la sigues, avanzando. Avanzar hacia lo siguiente baliza era el camino más seguro. Implicaba abrirme al valle, a buscar afuera, o garantizar buen aterrizaje estando en ruta de competencia. De haber seguido esa máxima, muy probablemente habría hecho meta pues el tramo entre Bolívar y el puente sobre el Cauca estuvo activo y por ahí pasó Leo feliz en dirección a la meta.
¿Aprendizajes?
Todos. Como siempre, Roldanillo brinda posibilidades para jugar a ser volador de verdad. A recordar la necesaria actitud de competencia, con tanto por tener listo, en una mente clara. Mucho por afinar. Si no ganas la altura que querías en un determinado sitio, en principio sigues adelante y en prueba,... "ya veremos más adelante."
No hay aterrizaje más seguro que lejos de la montaña. Volar en competencia es algo especial. La gente está en ese plan. Hay que estar listo armado despegando con los primeros. Si vuelvo a estar en competencia, hay que estar totalmente en la jugada de competir.
Quedan 2 vuelos para mis recuerdos más preciados. Casi 5 horas y media de juego entre el aire y el paisaje, me servirán para enfrentar un tiempo en tierra mientras sana mi cuerpo. Hoy no quiero saber ni pensar si voy a volar o no de nuevo. Por ahora, esta experiencia maravillosa la siento muy suficiente y escribirla ha resultado vital. Terapéutico. Otra aventura personal, de tantas en mi vida.
Adenda: Siguiendo el track de mi vuelo, me llama mucho la atención que en los instantes antes de que termina la señal, aparece entrando una ráfaga de 28 km/h del oeste. Todavía no se qué pasó realmente en ese momento pero esto puede explicarlo. Lo que sí recuerdo ahora es no haberle rendido nunca el homenaje debido a los dioses de esos aires antes de salir a volar. Eso parece los ha enfurecido. Habrá que reconciliarnos.
El despegue


