jueves, 1 de enero de 2026

¿Y qué tal?


¿Y qué tal si eliminamos de nuestro lenguaje el presagio fatal?

¿Si nos desintoxicamos, al menos por un momento, de esa narrativa insistente que anuncia que todo va a salir mal? Que con este gobierno cualquiera no, pero que con el otro sí.

Pareciera que no importa lo que hagamos: la economía se presenta como una “ciencia exacta”, capaz de predecir variables e intuir el futuro con una seguridad casi mística. ¿Cierto que es exacta y completamente predecible?

¿Y qué tal si, en lugar de repetir ese libreto, construimos un imaginario distinto? Uno de esperanza. Venga el presidente que venga. Uno donde nos unamos en el deseo simple —pero poderoso— de que a Colombia le vaya bien.
Basta ya del “nos vamos a volver Venezuela”, de las amenazas de castrochavismo y del miedo como argumento. Nuestra economía está estable. Buenos indicadores. Podría crecer más, sin duda. Pero no es ningún desastre como lo aseveran.

Y qué tal si, mejor aún, bajamos la conversación a lo concreto.
Hoy hablé con mi portero. Va a ganar +/- 400.000 pesos más al mes.
Linda conversación tuvimos. Me cuenta que por fin podrá salir de deudas con la compra de su lotecito en el sur, bien lejos pero está feliz.. Coincidimos en algo sencillo: el valor del mercado que hacemos no ha cambiado de forma dramática en los últimos 2 años, los precios estuvieron estables.

Para él, esos 400.000 pesos significan algo muy claro: nuevas posibilidades el fin de semana con su familia, menor el drama con la compra de útiles escolares para sus hijos, más consumo, más movimiento. Redistribución del ingreso, le llaman.

Descontaminado del afán derrotista, me sacudo del fatalismo de la amarga oposición. No puedo sino alegrarme por los porteros, las empleadas de servicio, los mensajeros, los analistas, los agentes de centros de contacto y tantos trabajadores beneficiados por esta ley. He entendido, de verdad, lo que 400.000 pesos al mes significan para ellos.

Frecuentemente mucha gente que conozco y yo mismo nos gastamos eso en una buena cena con vino en pareja. Una de esas de las que, estoy seguro, nos podemos privar sin ningún drama.

Esperemos lo mejor. Reconozcamos que el trabajo de nuestros empleados vale el aumento. Aprovechemos para fortalecer su motivación. Digámosles que no vamos a hacer despidos, que nos vamos a esforzar por crecer juntos. Que seremos más productivos. Que el miedo no tiene por qué ser siempre el punto de partida.

Que en medio de la incertidumbre sobre los efectos, que ya los veremos y comentaremos, elijamos lo que nos nace del corazón. Qué bueno pagar más hasta lo que más podamos. Y esperemos atentos qué efectos tiene esa plata circulante en la vida diaria de nuestro país.

Y ahí nos damos palo si quieren, y me tildan de ingenuo, de petrista, de lo que quieran. Me encantaría ver que pudimos incrementar salarios, todos, en todos los tamaños, y que la economía se ajustó por algo que no conocíamos, quizás?

Ya veremos. Nadie me puede decir hoy que soy muy burro, porque ya hubo grandes aumentos de salario mínimo sin que viéramos todos los efectos que con tanta seguridad predecían.

¿Y qué tal que le vaya mejor a la gran mayoría de colombianos?

¿Seré tan ingenuo como el niño de la foto de mí mismo a los 10 años?

No lo creo. Vamos a salir adelante, Colombia! Feliz y próspero año para Todos!