miércoles, 11 de junio de 2014

Una opción para elegir el domingo

Una opción para elegir el domingo


¿Por qué optar por una opción pacifista para la elección presidencial en
nuestro país que ya lleva 50 años en guerra?

Analicemos la otra opción que nos dice que “quiere la paz, SÍ, pero con condiciones”. Concluimos fácil que son contextos que no facilitan hacer la paz. Olvidan que no se trata de hacer una paz con amigos, como lo fue con los paramilitares que luego de hacer su tarea se entregaron rendidos. Fue un negocio fácil. Pagaron algunos 8 años de cárcel, se reservaron el derecho de las víctimas de conocer la verdad, no repararon, y todo siguió aparentemente igual sin que el país realmente conociera lo que aquí pasó… La opción de paz negociada de Zuluaga simplemente no es viable con una guerrilla que debilitada mas no vencida. Su plan no es el de rendirse como lo fue el de los paramilitares.

¿Estamos en verdad posibilitados para afirmar que “estamos regalando
el país a las FARC?”

Por fortuna no es el caso con el proceso de paz actual. El acuerdo para el cese del conflicto está concebido contra un enemigo que avanza decidido en la mesa cediendo y logrando acuerdos sin poder decir que nos hemos entregado un instante o que nos rendimos ante exigencias de Farc. Es un acuerdo estructurado sobre bases morales para que aprendamos a resolver en Colombia todos nuestros conflictos sin apelar a la fuerza como fuente de la razón. No es malo que en Colombia exista el conflicto y la diversidad de opinión. El problema es la violencia que ha sido utilizada para imponer cualquier modelo de pensamiento. Sea este de izquierda o derecha. Podemos desterrar esa práctica motivando la renuncia total a las armas para hacer política al igual que el negocio que la alimenta. Podemos decidir por mayoría que defenderemos la lucha política de cualquiera. No aceptaremos jamás, ni propiciaremos o nos haremos de la vista gorda si sucede esta se hace con armas de nuevo. La dejación de armas la solemnizamos, y les pedimos claro y fuerte que nos pidan perdón.

¿Tiene efectos desterrar el narcotráfico y todos sus males derivados, insertos en nuestra política en los últimos 30 años?

No se le pueden exigir tan fácil condiciones a las Farc para negociar... Si exigimos un cese unilateral del fuego de la guerrilla, no solo tenemos que poder verificarlo sino que perdemos nuestra principal fortaleza en la negociación… La ventaja militar. Esta ventaja fue una conquista del gobierno de Uribe y del actual, en el cual se terminaron de reducir 3 comandantes máximos y 50 jefes y cabecillas. Por eso exactamente es que esa guerrilla  está sentada en la Habana y le interesa genuinamente  lo que está pasando. Hay fe de ello y los acuerdos están disponibles para ser revisados en https://www.mesadeconversaciones.com.co

Que las FARC hayan renunciado a los cultivos ilícitos y hayan decidido aportar con esto a la paz es prueba fehaciente de que vamos bien encaminados, y alguna voluntad de paz ya es evidente además del reconocimiento a las víctimas.  


¿Por qué razón escuchamos en los medios a sus líderes atizar el conflicto o negar voluntad de paz o su no intención de dejar las armas?

Los jefes guerrilleros le hablan a través de los medios a sus tropas porque tienen que mantenerlos unidos si quieren permanecer firmes en la negociación. Aceptar ahora que entregarán las armas es fomentar en sus tropas una deserción de combatientes sin unidad de mando. Lujo que no se pueden dar. Ha sucedido ya en otros procesos de paz. Les creo a los miembros de nuestra mesa de negociación cuando nos dicen que el proceso avanza con firmeza y acuerdos verificables.

Las Farc en armas son guerreros que cometen actos terroristas, y saben que no pueden seguirlo haciendo. Que el mundo cambió. Que esta es su oportunidad. A ello se suman hoy conversaciones paralelas con la guerrilla del ELN a modo exploratorio. La guerrilla entendió que si no es con una oportunidad digna de salida del conflicto ofrecida por éste gobierno lo que se les viene será ser perseguidos en sus madrigueras.

Por tal motivo se adelanta una negociación actualmente en medio del conflicto. Se critica fácilmente la voluntad de la guerrilla cuando nos generen heridos o muertos en nuestras tropas o población civil. Ya expliqué que “negociar dentro del conflicto” es la única forma legítima de seguirlos atacando y presionando así el avance de las negociaciones, es decir, que el estado siga imperando sin zonas de distensión o figuras parecidas que serían exigidas por la guerrilla como contraprestación. Vivimos entonces actualmente los coletazos de la cruenta lucha ya por 50 años como antesala propia de todo conflicto que tiene una tendencia marcada a acabarse.

Querer la paz es un deseo de todos los colombianos. No está bien quererla sabiendo que la negociación que iniciará el eventual gobierno de Zuluaga está fundada sobre unas condiciones al enemigo que se parecen más a una rendición que a una negociación. Por esa razón no es difícil que se paren de la mesa y se arrecie el conflicto de nuevo con resultado incierto en número de bajas o tiempos para su terminación. Seguir justificando la muerte de 3000 civiles para pasarlos como resultados positivos de una guerra por cuotas me produce suma desconfianza. No son medios aceptables para acabar ninguna guerra. Darle gusto al candidato que se inmiscuye en los asuntos más sensibles para los colombianos, pensando en cómo torpedearlos, es bajo y ruin. Allá no quiero volver. No queremos ninguno volver a las épocas de las chuzadas.

En estos momentos inciertos, yo prefiero elegir la opción de paz que ofrece un gobierno imperfecto. Y sumarme a la confluencia de ideas y pensamientos en torno a la posibilidad de paz, para exigir juntos resultados y desarrollo real de un posconflicto. La guerra ha sido siempre para Colombia un distractor de nuestros desafíos más apremiantes. No podemos mantener esa excusa para crear juntos posibilidades para nuestro pleno desarrollo y vida pacífica en comunidad. Podemos unirnos a este movimiento que no elige en realidad un candidato. Rechazamos en cambio, una forma ya conocida pero inefectiva de alcanzar la paz estable y sosteniblemente. La modalidad Uribe. Con persecución a la prensa no amiga, a nuestras cortes, y todo lo ya conocido...

Estamos frente a la oportunidad más grande jamás vivida en Colombia de acercarnos a una posibilidad real de afrontar nuestras diferencias para construir. La suma de los partidos e ideales para alcanzarla es una voz en coro que proviene de las víctimas que necesitan ser reconocidas e identificadas para ser reparadas y garantizada su no repetición. Necesitamos volcarnos como colombianos a defender un ideal que nos plantea a todos una nueva Colombia llena de posibilidades.

¿Por qué no apostarle?

Finalmente, quiero llamar a los que no piensan votar. Y quiero decirles que están en su derecho. Solo quisiera saber que cuando elijamos lo hagamos como masa numerosa de gente para poder más fácilmente aceptarlo. Podemos salir a votar masivamente por una apuesta incierta que avanza con resultados concretos, o podemos quedarnos sentados en casa indiferentes de lo que afuera pase pero que en últimas marcará nuestros próximos 4 años.

Por esa razón, pensando en mis intereses más íntimos como padre de familia, queremos que nuestra hija viva en paz y vamos a hacer hasta lo imposible por no desaprovechar esta oportunidad. Por eso vamos a votar por el cese negociado del conflicto, en condiciones beneficiosas para todo el pueblo colombiano y que intentaba explicar unas líneas atrás. Lo mismo que en otras columnas que pueden ser consultadas. Llevo ya casi 15 años interesado en los procesos de paz desde que pude ver con mis ojos lo que pasó en Sudáfrica. Y solo puedo decirles que este proceso es serio y bien estructurado. Y que si en Sudáfrica el conflicto económico racial de odios entre habitantes pudo ser superado, lo puede ser en Colombia si todos nos sumamos. Yo los invito a apostarle a la paz sin poder ofrecerles garantía de resultado cierto.


Los invito solamente en cambio a soñar los beneficios que nos traería la paz negociada que está al alcance de nuestras manos.

Luis Carlos Jacobsen
Junio 10 de 2014

viernes, 6 de junio de 2014

Si. Será necesario perdonar.

https://www.facebook.com/imaginalapazColombia

Sí. Perdonar para poder hacer la paz.

Voy a decirlo sin titubear. Para alcanzar la paz será necesario perdonar. 
Aunque imaginemos entonces por un momento la tesis contraria. La otra opción en juego que no le exige pasar por esta tarea a sus seguidores y a ningún colombiano. Ganan elecciones,|llaman a la narcoguerrilla a que informen si continúan con los diálogos recordándoles “que la Paz sí, pero con condiciones”, la guerrilla no se siente derrotada, no ha sido vencida, se levantan de la mesa, y todos dicen en coro: 

“Este gobierno si tiene pantalones”...

Se arrecia el combate, y se incrementa sustancialmente el número de bajas de ambos bandos, bombardeos son contestados con cilindros bomba, y cada tanto nos mata un francotirador cobarde un oficial desde la distancia. 

“Cómo es de difícil ganarle a la guerra de guerrillas”, decimos. 

Voladuras del oleoducto, contaminación, muerte, desplazamiento desolación. Ya lo conocemos la mayoría desde que nacimos. Eventualmente nuestras FFMM los debilitan más, invertimos más recursos, les causamos bajas, nos matan soldados, continúa el reclutamiento de niños, mueren civiles y por fin por alguna bendición llega al fin la supuesta rendición. No en un año, ni siquiera en 2. Quizás nunca... 

Imaginemos que los vencemos, sin que podamos muy bien creernos el cuento y lo que significa de verdad. Narcoterroristas a la cárcel, se les imponen sus penas, “se acaba el conflicto”, para qué cuentan la verdad sobre sus crímenes si no es para que nos pidan perdón. Obtenemos sus armas, quedan las bacrimes y el país con una misma sensación.

Aquí no pasó nada en el interior de cada colombiano para ganarnos la paz más que observar complacidos las fotos de los comandantes guerrilleros en la cárcel y sometidos. La anhelada paz no pasó por nosotros, se encargó nuestro gobierno de imponerla, ninguno tuvimos que enfrentarnos al perdón, ni siquiera los reconocimos nunca como contraparte, les negamos toda participación política y bastante nos encargamos de humillarlos. 

“Los vencimos”, les decimos. 

Existe otra opción. 

Si reconocemos la verdad, que aquí Sí hubo y hay un conflicto armado, reconocemos a una contraparte con quien negociar. Y ponemos sobre la mesa el asunto más duro, necesario, e importante. Las víctimas. ¿Cómo vamos a hacer para sanarlas? ¿Cómo garantizamos la no repetición? El proceso de Sudáfrica para la cesación del conflicto racial y político, planteó la necesidad de la Comisión de la Paz, la Verdad y la Reconciliación. Allí fue concedido el perdón a muchos criminales, luego de desgarradores testimonios a la cámara y frente a las víctimas, en donde manifestaban su petición de perdón. La verdad sana, la verdad es necesaria para el perdón, para que se pueda desatar en cada uno el milagro de sentir adentro que la pena está redimida, que no se necesita andar esculcando la verdad de lo que pasó, los últimos segundos de su ser querido, ni menos se necesita esperar venganza en vez de la certeza de que ese individuo dice que jamás repetirá su acto. La verdad ofrecida mirando a los ojos y el arrepentimiento genuino observado y sentido. 

El silencio.

¿Por qué perdonarlos? Los perdonamos si, y sólo sí, recibimos sus armas a cambio. Y en acto solemne las recibe el gobierno colombiano, y se funden o las deshacen, porque el acto simbólico de renuncia a las armas es un acto de valentía de un combatiente que renuncia a su fusil y a su capacidad de hacer daño.Y justo por eso, les reconocemos derechos y participación política, siempre que en acto solemne se acojan a la vida civil y manifiesten su deseo de vivir en paz, y trabajar por ella si quieren desde la política que no utiliza el fusil para imponer sus ideas.

Y se fortalece nuestra democracia, y creamos espacios de participación. Y obtenemos el sustento económico de la guerra que es el narcotráfico. Rutas, pistas, cultivos. Los vemos sustituirlos, aportar en el desminado. Participando de la renovación del campo colombiano en tierras listas para producir comida a cambio de cocaína. Yo puedo vivir con eso, y estoy preparado para perdonar. Por eso elijo la reelección del presidente y reconozco la sabiduría detrás de la agenda de negociación llevada a cabo por un equipo de profesionales serios liderados por Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo. Honorables ciudadanos. No espero mucha voluntad de paz de la guerrilla. La manifestación de su voluntad por ahora es el acuerdo sobre cultivos ilícitos. Y vienen víctimas, armas y cese verificable del conflicto. Refrendada por el pueblo colombiano.

Reconocer al otro, es principio básico para resolver cualquier disputa humana. Implica tomar en cuenta que se ha hecho un daño y que alguien lo ha sufrido, y merece ser reparado. La cárcel no sana esa víctima. A las víctimas sólo las sana la posibilidad que se les de para optar por el perdón. Y a su vez, todos, en esta nación, tenemos que perdonarnos a nosotros mismos y perdonar a los demás, de nuevo, a partir de reconocer al otro. Eso dicta la filosofía Ubuntu que el médico catalán Dr. Albert Figueras vino a Colombia recientemente a enseñarnos. Este compendio de sabiduría está contenido en las memorias de Imagina la Paz, Mayo 22, y constituye la certeza alcanzada por 70 personas diversas que resolvimos darnos cuenta de que era posible alcanzar la paz ya, siempre que estuviéramos listos para perdonarnos.

La paz es posible, y estamos bastante cerca de lograrlo. Me sumo con toda mi esperanza y sabiendo que corremos riesgos al deseo anhelado de la paz para toda mi familia y Colombia entera. Lo voy a hacer perdonando.

Luis Carlos Jacobsen
Junio 6 de 2014

jueves, 15 de mayo de 2014

Guerra o Paz. Nuestro dilema

Guerra o Paz… Nuestro dilema actual

 ¿A cambio de qué accedería un combatiente a entregar su fusil
sin haber sido vencido antes en combate?

¿Qué le cuesta en su interior a un guerrillero despojarse de su poderoso fusil  AK47 que alguna vez le dio credibilidad y poder para caminar  amenazante imponiendo su voluntad por nuestros campos y pueblos?

¿Cuáles son las mínimas condiciones, repito, que cualquiera esperaría a cambio en el supuesto de que ofreciera desarmarse, como paso previo hacia desmovilizarse
luego y para siempre?

Estas preguntas nos las hizo Tokyo Secquale en un simposio de Justicia Restaurativa y Paz organizado por la Fundación ALVARALICE que tuvo lugar en Cali hace 9 años. Las respuestas nos obligan a pensar más allá del ideal de querer ver a una guerrilla vencida y sometida entregando sus armas en abierta rendición. Secquele, ex líder del ala militar del CNA sudafricano durante el Apartheid nos enseñó a entender con esas preguntas la psicología  básica de cómo funciona la mente del guerrero. En una negociación política para el cese de un conflicto, los combatientes esperan una salida digna, pudiendo mirar de nuevo a cualquiera de frente, además de posibilidades de subsistencia y garantías mínimas para la defensa de los derechos que reclaman (ahora) sin armas. Ello implica para todos nosotros reconocer con franqueza no haber podido vencerlos en el pasado con las armas legítimas del estado y aceptar que para  librar de nuevo esa guerra aspirando a ganarla en el futuro, se debe considerar más muertos y heridos en ambos bandos y población civil. Igual se debe contemplar su duración incierta sin un final del resultado propuesto que alguien nos pueda garantizar.

Sabemos que hay otra propuesta de paz que inicia con un planteamiento opuesto, que consiste en negarlos como parte del conflicto y que reclama penas de 6 años a combatientes y jefes como primera medida por imponerles. Esta propuesta califica como un exabrupto cualquier participación política ofrecida al enemigo. Afirma que “Sí a la paz”, pero que con condiciones. Pregona que con terroristas y narcotraficantes no hay nada que pactar sino unos años de cárcel que deban pagar. Advierte que con un par de escaños en el congreso nos van a gobernar, y que justo es esa una muestra del  inicio del castro-chavismo en Colombia. Y que por ello hay que negarles cualquier derecho político además de su desmovilización. Y así gritan a los cuatro vientos que "¡paz sin impunidad!", que “se está premiando el crimen” sin detenerse a pensar, o sin querer admitirlo; que su modelo de paz sólo es aplicable para un enemigo que ha sido vencido y humillado. No nos dicen, - eso sí -, que ese escenario de sometimiento y rendición sólo es posible fuera del marco actual de una negociación política de cese del conflicto. No nos cuentan con claridad que a lo que nos invitan es a enfrascarnos  de nuevo en una guerra indefinida que ya sabemos es muy difícil de ganar. Y no responden ni dicen nada por miles de más vidas perdidas que conlleva esa aventura. Ni admiten el número creciente de víctimas como fruto de la muerte de jóvenes campesinos colombianos, sean estos guerrilleros, soldados o paramilitares. O civiles de cualquier edad.  No asumen tampoco los costos de mucha más miseria y desolación… Esa guerra que se obstinan en librar en pro de la seguridad ya la conocemos desde que nacimos muchos colombianos. Esa es la misma guerra que nos quieren reeditar por otros 4 años sin siquiera contemplar cualquier otra posibilidad.  

Además,  también sabemos que para muchos colombianos es cierto que la guerrilla está sentada en la Habana conversando sin que en Colombia exista la seguridad o la confianza plena en su palabra. Confunde mucho también eso de haber pactado la negociación en medio del conflicto. Lo normal aparentemente es que uno pudiera verles una voluntad real de desarmar su discurso y acciones por el solo hecho de estar sentados hablando de paz. Sin embargo no reconocemos que por ese cese de hostilidades que reclamamos nos pedirían también a cambio un alto de operaciones que conlleva a su vez que puedan recomponer su desventaja militar mediante la detención bilateral de hostilidades. Pareciera que se desconoce la importancia que tuvo negarles dicha figura que habría sido la antesala de otro Caguán, por el necesario despeje territorial requerido para su implementación y verificación. Por esa razón a muchos les duele y les parece incomprensible que negociamos la terminación del conflicto expuestos al escalamiento de la guerra por cualquiera de las partes en cualquier momento, sin saber que fue esa en realidad la primera conquista de nuestro equipo comisionado. No perder la ventaja militar.

Intento a continuación aportar otra mirada. Parto de la base que se debe reconocer la importancia de tener sentados a los mandos de la guerrilla de las FARC conversando luego del debilitamiento real de estructuras y mandos, tras ocho años del gobierno anterior y los primeros años de éste. Y que en vez de seguir imponiendo el anterior modelo de fuerza, este pensó que en esas condiciones se podía acabar  la guerra cuando aún quedaban posibilidades de reconciliación. Y al plantearnos un objetivo ideal principal de Concordia entre colombianos, necesariamente quedamos todos con la responsabilidad ineludible de ver con sinceridad cuánto hemos aceptado el conflicto y cómo hemos aprendido a vivir con él, en sus causas, en su ilógica, ya sea por acción o por omisión. Por eso la paz que nos plantean no es la simple acción del estado imponiendo su fuerza mediante la guerra y  la imposición de unas penas o la restricción de unos derechos para someter al enemigo. La paz que se plantea para Colombia necesariamente tiene que pasar  por el filtro de un cambio necesario en cada uno que la haga  posible. La responsabilidad que tenemos en el cese de un conflicto tan largo y degradado nos exige participar y desafiarnos a ver las cosas con una mirada más profunda y menos simplista. Quizás ello  nos conduzca a nuevas formas de entendimiento que a su vez forjen la base de nuevas posibilidades para poder imaginarnos cómo sería vivir sin conflicto armado.

Creo que la paz de la que habla el gobierno actual, y así lo difunde nuestro equipo en la mesa de la Habana, es una que reconoce a los combatientes y les ofrece por ese hecho una segunda oportunidad para que acepten vivir apegados a nuestras normas, en civilidad y completo desarme. Es una oferta generosa en la que obtenemos por igual mucho a cambio. Considero que nos es posible aceptar a todos, con menor o mayor grado de dificultad según cada quién, que si obtenemos además de sus Armas (1), el Reconocimiento y la Verdad garantizada para las Víctimas (2), la Garantía de no Repetición (3), alguna forma justa de Reparación (4), y el compromiso de desmontar los Cultivos Ilícitos de los que se lucran (5), podemos entonces otorgar la suspensión condicional de una pena de cárcel (I.), reglamentar unas Zonas de Reserva Campesina (II.) y aceptar formas concretas de Participación Política (III.)  integradas a la legalidad y al fortalecimiento de nuestra democracia. Y para garantizar que nos rija y sea imperativo el anterior acuerdo base contamos con el derecho de poder refrendarlo democráticamente con un SÍ o NO.  Que nos garantice la aceptación mayoritaria de cualquier camino de los señalados que se escoja.

Es cierto que la negociación actual está construida sobre bases que dignifican al enemigo y lo invitan a una apuesta política sin armas ni poder de persuasión por la fuerza. Y también es cierto que para alcanzar una paz duradera ello implica dejar de ver a nuestro estado como único participante en la resolución de nuestro más grande y antiguo problema, y a nosotros los colombianos como espectadores pasivos del mismo.

La paz y su manifestación real empiezan con el cese del conflicto. Para poder conquistarlo, ello también implica nuestra propia comprensión y decisión. Y sobre todo requiere de la propia sanación del conflicto interno que llevamos sin saberlo cada uno después de tanto tiempo de haber estado viviendo en medio de el. No podemos esperar más a que haya un eventual sometimiento luego de arreciar los combates.  Ese es el verdadero costo que sería enorme y que no podemos ya aceptar. La paz está a nuestro alcance y poder verla implica asumir un desafío personal. Este implica apertura y nuevos entendimientos si estamos de acuerdo en que alcanzarla no es un asunto que le competa exclusivamente al estado colombiano. Nos compete por igual a cada habitante que lo ha sufrido y que quiera habitar nuestro territorio nacional en paz.

“No es tan difícil cambiar la sociedad; lo realmente difícil es cambiarte a ti mismo.”


~Nelson Mandela


Luis Carlos Jacobsen
Cali, Mayo 15 de 2014

martes, 4 de marzo de 2014

Votando por Uribe...

VOTANDO POR URIBE...?

PARA NO OLVIDAR

He aquí el largo listado de hechos que deberían servir para que los colombianos rechacen y jamás olviden las actuaciones del Gobierno de Uribe. No fue, ni el mejor gobierno, ni el mejor Presidente, como lo cacareaban los medios masivos.

1. La evidente filtración y consecuente paramilitarización del DAS.

2. Las "chuzadas" del DAS a magistrados, periodistas y políticos de la oposición.

3. La entrada a la Casa de Nariño del sicario JOB.

4. La compra de congresistas con la entrega de notarías, para asegurar la reelección.

5. La yidispolítica y la parapolítica.

6. La muerte de por lo menos 1.800 colombianos a manos del Ejército en lo que mal se llamó "falsos positivos", que no son más que crímenes de Estado.

7. El escandaloso caso del programa Agro Ingreso Seguro, defendido inicialmente por el propio Presidente, quien a finales de octubre, después de las críticas que le hiciera el senador Robledo, el mismo gobierno ordena detener la entrega de subsidios a empresarios, hacendados y grandes capitalistas.

8. Los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Estado, mal llamados por la gran prensa como 'falsos positivos'.


~German Ayala

sábado, 22 de febrero de 2014

Mano firme???

Cedo este espacio para una maravillosa columna. ElPaís
SUGESTIONES
 ¿Mano firme, Corazón Grande? 
MAURICIO CABRERA GALVIS
Cali, Febrero 23 de 2014 
La mayoría de los eslogan que usan los grupos políticos son lugares comunes o frases vacías de contenido. Una notable excepción en la actual campaña electoral es el del falso Centro Democrático (que no es de centro ni es democrático) que, como no pudo usar un logo con la cara o el nombre del caudillo, decidió utilizar una de las frases celebres del expresidente que compró su reelección: “mano firme, corazón grande”.
Este eslogan si tiene mucho significado porque fue una de las características de los ocho años del gobierno uribista. Sin embargo vale la pena refrescar la memoria de los electores recordando algunos hechos que muestran como se aplicó la frase en ese período.
Mano dura con los trabajadores a los que con la reforma laboral del 2002 les quitó $2.6 billones de ingresos de horas extras y festivos; Corazón grande de la confianza inversionista que dio a los empresarios zonas francas, deducciones y otras gabelas tributarias que en un solo año llegaron a valer $5.8 billones.
Mano dura contra las protestas de miles de campesinos quebrados por la revaluación y la falta de políticas de apoyo; Corazón grande con los latifundistas beneficiarios de los subsidios de Agro Ingreso Seguro.
Mano dura con los recicladores a quienes les quitó hasta la posibilidad de vivir de la basura; Corazón grande para apoyar los negocios de tierras y basuras que hicieron millonarios a sus hijos.
Mano dura con la guerrilla, necesaria para recuperar el territorio entregado por Pastrana en el Caguán; Corazón grande con los paramilitares en Santa Fe de Ralito donde se firmó el pacto para refundar la patria.
Mano dura con los 1.015 colombianos inocentes que la Fiscalía ha comprobado que fueron asesinados por militares y presentados como guerrilleros muertos en combate; Corazón grande con las recompensas ofrecidas por dar de baja guerrilleros, que incentivaron estos “falsos positivos”.
Mano dura con los 6.912 civiles encarcelados injustamente por acusaciones anónimas y liberados por ser inocentes; Corazón grande con los cerca de 100 congresistas elegidos con los votos de los paramilitares, a los que defendió para que le dieran sus voticos antes de ir a la cárcel.
Mano dura con Yidis y Teodolindo después de que contaron como les compraron los votos para la reelección. Corazón grande de dadivas, contratos y notarías para ellos y todos los congresistas para conseguir esos votos.
Mano dura con el profesor De Andreis o el alcalde de El Roble (Sucre), asesinados por el delito de pensar diferente. Corazón grande con los victimarios, Jorge Noguera  y Salvador Arana a quienes protegió y nombró en cargos diplomáticos porque eran “buenos muchachos”.
Mano dura con los 3 millones de desplazados de sus parcelas y tierras en sus ocho años de gobierno. Corazón grande con los jefes paramilitares, promotores del despojo, a los que solo extraditó cuando amenazaron revelar la verdad de sus alianzas.
Mano dura con chuzadas y hostigamiento a los jueces y las altas Cortes que se atrevieron a investigar los delitos de sus aliados; Corazón grande con la directora del DAS que hizo las chuzadas, a la que le consiguió asilo diplomático para que no contara la verdad.
Mano dura con los enfermos y pacientes no atendidos por un sistema de salud quebrado; Corazón grande con las farmacéuticas multinacionales a las que les dio multimillonarias ganancias al liberar los precios de sus medicamentos.
Hay muchos más ejemplos, pero estos bastan para saber cuales son las políticas que defenderá el caudillo y su rebaño de obedientes súbditos en el Congreso

sábado, 8 de febrero de 2014

Soñar hace el futuro

Soñar hace el futuro
Es bien conocido el dicho  formulado típicamente para regresar a la realidad a alguien que se ha permitido escapar de esta por un rato diciendo  "sería rico estar ya metido en el mar de Islas del Rosario". "Soñar no cuesta nada", se replicaría  normalmente con humor carente de la mínima  empatía.
Soñar en cambio cuesta muchísimo y aquí pretendo explicar por qué.
Desde la Fundación Instituto de la Conversación promovimos con impecable ejecución del doctor Carlos Lemoine, su presidente, un calendario inspirador con  píldoras útiles para tener en cuenta en los actos de conversación significativa que construyen destinos entre las personas.
En el mes de Enero inspirados por la obra de Martin Luther King, entre otros, registramos:
"Un sueño es más poderoso que mil realidades"
"Los sueños al principio parecen imposibles, luego improbables, y después cuando nos comprometemos se vuelven inevitables."
Hacer que las organizaciones tengan sueños compartidos les permite lograr que todos remen en el mismo sentido y esto les da poder.
Los sueños compartidos generan familias, equipos, empresas comunidades y países.
El lenguaje que surge del sueño compartido transforma el presente para todos los que lo comparten. Tener sueños y creer en ellos nos libera de las limitaciones del pasado.
Las palabras de quienes inspiran esta reflexión se suman al pensamiento de John Lennon en su canción Imagina y su  filosofía consignada. nos dice lo siguiente:
"Un sueño que sueñas solo es tan solo un sueño.
Un sueño que sueñas con otros es la realidad."
A ello se le suma el increíble Walt Disney con su frase, "Si lo puedes soñar lo puedes hacer."
Pienso que en el mundo conocido nunca nada importante fue antes creado sin haber sido previamente concebido. Los sueños colectivos no cuestan tanto formularlos, pero llevarlos a la realidad puede costar una fortuna incalculable como lo sería por ejemplo crear y llevar a vivir a una pequeña comunidad arriba en el espacio. No estamos lejos de verlo y no menos de necesitarlo en futuros cercanos...
Soñar puede llegar a ser tan costoso que puede cobrar hasta la vida misma. Martin Luther King, Malcolm X, Abraham Lincoln y otros dieron sus vidas por expresar de viva voz lo que soñaban. Porque siempre que se sueñan en verdad los desafíos importantes se pisan callos de quienes quieren mantener inalterada la realidad o modificarla a su propia manera.
Recientemente fui testigo presencial de la formulación de sueños colectivos trascendentales en diferentes organizaciones como el de la fundación Colfuturo. Esta fundación sin ánimo de lucro quiere doblar sosteniblemente su cuota de beneficiarios de créditos beca para 2020.  2000 colombianos de alto nivel académico se beneficiarán de un programa y administración impecable de créditos y apoyo efectivo al estudiante. Todos los empleados concibieron y se comprometieron con el mismo sueño.
Novo Nordisk en Colombia, casa farmacéutica danesa líder mundial en diabetes y pioneros en biopharma para tratar la hemofilia y la hormona del crecimiento mantiene en su sueño de conquista de nuevos mercados nacionales un foco irrenunciable en el paciente, su cuidado y necesidades desde una máxima regida por esenciales soñados que hacen parte de su actuar y su realidad. Comportamientos y acciones relativas a sus marcas que sueñan los colaboradores para luego realizarse coordinadamente. Más ganancias para poder llevar más y más pacientes con enfermedades crónicas a estados mejor controlados
El grupo empresarial ABS, del cual hace parte este portal tuvo la capacidad de soñar con todos sus líderes en un tiempo límite una organización repotenciada enfocada en las necesidades de sus usuarios y clientes y el desarrollo integral de su red de apoyo y servicios de conserjería. Una organización más presente en la educación en valores para juventudes en riesgo a través del rugby. Una empresa explotando su verdadera vocación de servicio y atención efectivos.
Entre más arraigada una comunidad o sociedad a una realidad es más difícil soñar un cambio desafiante de la misma. Por eso los sueños colectivos que cobran fuerza implican enormes esfuerzos e inclusive revoluciones sociales pacíficas.
En Colombia necesitamos recuperar la capacidad de conversar acerca del sueño anhelado de la paz. No por ser difícil se debe retener esa conversación en la mesa del hogar, o en el aula de un colegio. La realidad solo la podemos cambiar a partir de poder soñar y disfrutar de la sensación de tranquilidad y esperanza derivadas. Igual o más importante es salir a abrazar la acción coordinada que demuestra con hechos unos resultados y una conveniencia colectiva de cumplir esos sueños.
Podemos soñar con la paz para Colombia cada vez que queramos desde la política, desde el aparato productivo, desde la academia, el campo, las regiones y las ciudades. La paz concertada se puede soñar como algo mucho más beneficioso para la mayoría, como algo donde el dinero invertido rinde mucho más en desarrollo y convivencia que el rendimiento de  sangre y más muertos fruto de asumir los costos de más armamento y más guerra.
Necesitamos recuperar la capacidad de soñar con el país que queremos desde la forma como nos levantaríamos en casa cada mañana en un país en paz. Desde las nuevas posibilidades que a cada quien le aparezcan en su mente y que resuenen después con el sueño de otro.
Soñar es necesario para seguir construyendo la Colombia que queremos. Una Colombia más democrática, más próspera y equitativa, con mayores oportunidades y con gente más feliz y libre para expresarse debe poder ser descrita y diseñada en un sueño colectivo.
La realidad de los derechos civiles es hoy totalmente distinta en los Estados Unidos luego de 46 años. Tan poderoso puede ser un sueño, que hoy el país más poderoso del mundo es gobernado por Barack Obama, un afrodescendiente que representa un verdadero cambio en la mentalidad colectiva de la nación.
"Yo tengo un sueño", declaró un día frente a miles Martin Luther King, asesinado en 1968. El gran soñador que transformó la realidad de Norteamérica. Necesitamos de líderes en Colombia que nos recuperen la capacidad de soñar.

Luis Carlos Jacobsen

Bogotá, Febrero 8 de 2014