Soñar hace el futuro
Es bien
conocido el dicho formulado típicamente
para regresar a la realidad a alguien que se ha permitido escapar de esta por
un rato diciendo "sería rico estar
ya metido en el mar de Islas del Rosario". "Soñar no cuesta
nada", se replicaría normalmente
con humor carente de la mínima empatía.
Soñar en
cambio cuesta muchísimo y aquí pretendo explicar por qué.
Desde la
Fundación Instituto de la Conversación promovimos con impecable ejecución del
doctor Carlos Lemoine, su presidente, un calendario inspirador con píldoras útiles para tener en cuenta en los
actos de conversación significativa que construyen destinos entre las personas.
En el mes de
Enero inspirados por la obra de Martin Luther King, entre otros, registramos:
"Un sueño es más poderoso que mil realidades"
"Los sueños al principio parecen imposibles,
luego improbables, y después cuando nos comprometemos se vuelven inevitables."
Hacer que las
organizaciones tengan sueños compartidos les permite lograr que todos remen en
el mismo sentido y esto les da poder.
Los sueños
compartidos generan familias, equipos, empresas comunidades y países.
El lenguaje
que surge del sueño compartido transforma el presente para todos los que lo
comparten. Tener sueños y creer en ellos nos libera de las limitaciones del
pasado.
Las palabras
de quienes inspiran esta reflexión se suman al pensamiento de John Lennon en su
canción Imagina y su filosofía consignada. nos dice lo siguiente:
"Un sueño
que sueñas solo es tan solo un sueño.
Un sueño que sueñas
con otros es la realidad."
A ello se le
suma el increíble Walt Disney con su frase, "Si lo puedes soñar lo puedes
hacer."
Pienso que en
el mundo conocido nunca nada importante fue antes creado sin haber sido
previamente concebido. Los sueños colectivos no cuestan tanto formularlos, pero
llevarlos a la realidad puede costar una fortuna incalculable como lo sería por
ejemplo crear y llevar a vivir a una pequeña comunidad arriba en el espacio. No
estamos lejos de verlo y no menos de necesitarlo en futuros cercanos...
Soñar puede
llegar a ser tan costoso que puede cobrar hasta la vida misma. Martin Luther
King, Malcolm X, Abraham Lincoln y otros dieron sus vidas por expresar de viva
voz lo que soñaban. Porque siempre que se sueñan en verdad los desafíos importantes
se pisan callos de quienes quieren mantener inalterada la realidad o
modificarla a su propia manera.
Recientemente
fui testigo presencial de la formulación de sueños colectivos trascendentales
en diferentes organizaciones como el de la fundación Colfuturo. Esta fundación
sin ánimo de lucro quiere doblar sosteniblemente su cuota de beneficiarios de
créditos beca para 2020. 2000
colombianos de alto nivel académico se beneficiarán de un programa y
administración impecable de créditos y apoyo efectivo al estudiante. Todos los
empleados concibieron y se comprometieron con el mismo sueño.
Novo Nordisk
en Colombia, casa farmacéutica danesa líder mundial en diabetes y pioneros en
biopharma para tratar la hemofilia y la hormona del crecimiento mantiene en su
sueño de conquista de nuevos mercados nacionales un foco irrenunciable en el
paciente, su cuidado y necesidades desde una máxima regida por esenciales
soñados que hacen parte de su actuar y su realidad. Comportamientos y acciones
relativas a sus marcas que sueñan los colaboradores para luego realizarse
coordinadamente. Más ganancias para poder llevar más y más pacientes con
enfermedades crónicas a estados mejor controlados
El grupo
empresarial ABS, del cual hace parte este portal tuvo la capacidad de soñar con
todos sus líderes en un tiempo límite una organización repotenciada enfocada en
las necesidades de sus usuarios y clientes y el desarrollo integral de su red
de apoyo y servicios de conserjería. Una organización más presente en la
educación en valores para juventudes en riesgo a través del rugby. Una empresa
explotando su verdadera vocación de servicio y atención efectivos.
Entre más
arraigada una comunidad o sociedad a una realidad es más difícil soñar un
cambio desafiante de la misma. Por eso los sueños colectivos que cobran fuerza
implican enormes esfuerzos e inclusive revoluciones sociales pacíficas.
En Colombia
necesitamos recuperar la capacidad de conversar acerca del sueño anhelado de la
paz. No por ser difícil se debe retener esa conversación en la mesa del hogar,
o en el aula de un colegio. La realidad solo la podemos cambiar a partir de
poder soñar y disfrutar de la sensación de tranquilidad y esperanza derivadas.
Igual o más importante es salir a abrazar la acción coordinada que demuestra con
hechos unos resultados y una conveniencia colectiva de cumplir esos sueños.
Podemos soñar
con la paz para Colombia cada vez que queramos desde la política, desde el
aparato productivo, desde la academia, el campo, las regiones y las ciudades.
La paz concertada se puede soñar como algo mucho más beneficioso para la
mayoría, como algo donde el dinero invertido rinde mucho más en desarrollo y
convivencia que el rendimiento de sangre
y más muertos fruto de asumir los costos de más armamento y más guerra.
Necesitamos
recuperar la capacidad de soñar con el país que queremos desde la forma como
nos levantaríamos en casa cada mañana en un país en paz. Desde las nuevas
posibilidades que a cada quien le aparezcan en su mente y que resuenen después
con el sueño de otro.
Soñar es
necesario para seguir construyendo la Colombia que queremos. Una Colombia más
democrática, más próspera y equitativa, con mayores oportunidades y con gente
más feliz y libre para expresarse debe poder ser descrita y diseñada en un
sueño colectivo.
La realidad de
los derechos civiles es hoy totalmente distinta en los Estados Unidos luego de
46 años. Tan poderoso puede ser un sueño, que hoy el país más poderoso del
mundo es gobernado por Barack Obama, un afrodescendiente que representa un
verdadero cambio en la mentalidad colectiva de la nación.
"Yo tengo
un sueño", declaró un día frente a miles Martin Luther King, asesinado en
1968. El gran soñador que transformó la realidad de Norteamérica. Necesitamos
de líderes en Colombia que nos recuperen la capacidad de soñar.
Luis
Carlos Jacobsen
Bogotá,
Febrero 8 de 2014
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