Una opción para elegir el domingo
¿Por qué optar por
una opción pacifista para la elección presidencial en
nuestro país que ya
lleva 50 años en guerra?
Analicemos la otra opción que nos dice que “quiere la paz, SÍ, pero con condiciones”.
Concluimos fácil que son contextos que no facilitan hacer la paz. Olvidan que
no se trata de hacer una paz con amigos, como lo fue con los paramilitares que
luego de hacer su tarea se entregaron rendidos. Fue un negocio fácil. Pagaron
algunos 8 años de cárcel, se reservaron el derecho de las víctimas de conocer
la verdad, no repararon, y todo siguió aparentemente igual sin que el país
realmente conociera lo que aquí pasó… La opción de paz negociada de Zuluaga
simplemente no es viable con una guerrilla que debilitada mas no vencida. Su
plan no es el de rendirse como lo fue el de los paramilitares.
¿Estamos en verdad posibilitados
para afirmar que “estamos regalando
el país a las FARC?”
Por fortuna no es el caso con el proceso de paz actual. El acuerdo para
el cese del conflicto está concebido contra un enemigo que avanza decidido en
la mesa cediendo y logrando acuerdos sin poder decir que nos hemos entregado un
instante o que nos rendimos ante exigencias de Farc. Es un acuerdo estructurado
sobre bases morales para que aprendamos a resolver en Colombia todos nuestros
conflictos sin apelar a la fuerza como fuente de la razón. No es malo que en
Colombia exista el conflicto y la diversidad de opinión. El problema es la
violencia que ha sido utilizada para imponer cualquier modelo de pensamiento.
Sea este de izquierda o derecha. Podemos desterrar esa práctica motivando la
renuncia total a las armas para hacer política al igual que el negocio que la
alimenta. Podemos decidir por mayoría que defenderemos la lucha política de
cualquiera. No aceptaremos jamás, ni propiciaremos o nos haremos de la vista
gorda si sucede esta se hace con armas de nuevo. La dejación de armas la
solemnizamos, y les pedimos claro y fuerte que nos pidan perdón.
¿Tiene efectos desterrar
el narcotráfico y todos sus males derivados, insertos en nuestra política en
los últimos 30 años?
No se le pueden exigir tan fácil condiciones a las Farc para negociar...
Si exigimos un cese unilateral del fuego de la guerrilla, no solo tenemos que
poder verificarlo sino que perdemos nuestra principal fortaleza en la
negociación… La ventaja militar. Esta ventaja fue una conquista del gobierno de
Uribe y del actual, en el cual se terminaron de reducir 3 comandantes máximos y
50 jefes y cabecillas. Por eso exactamente es que esa guerrilla está
sentada en la Habana y le interesa genuinamente lo que está pasando. Hay
fe de ello y los acuerdos están disponibles para ser revisados en https://www.mesadeconversaciones.com.co
Que las FARC hayan renunciado a los cultivos ilícitos y hayan decidido
aportar con esto a la paz es prueba fehaciente de que vamos bien encaminados, y
alguna voluntad de paz ya es evidente además del reconocimiento a las víctimas.
¿Por qué razón
escuchamos en los medios a sus líderes atizar el conflicto o negar voluntad de
paz o su no intención de dejar las armas?
Los jefes guerrilleros le hablan a través de los medios a sus tropas
porque tienen que mantenerlos unidos si quieren permanecer firmes en la
negociación. Aceptar ahora que entregarán las armas es fomentar en sus tropas
una deserción de combatientes sin unidad de mando. Lujo que no se pueden dar.
Ha sucedido ya en otros procesos de paz. Les creo a los miembros de nuestra mesa
de negociación cuando nos dicen que el proceso avanza con firmeza y acuerdos
verificables.
Las Farc en armas son guerreros que cometen actos terroristas, y saben
que no pueden seguirlo haciendo. Que el mundo cambió. Que esta es su
oportunidad. A ello se suman hoy conversaciones paralelas con la guerrilla del
ELN a modo exploratorio. La guerrilla entendió que si no es con una oportunidad
digna de salida del conflicto ofrecida por éste gobierno lo que se les viene
será ser perseguidos en sus madrigueras.
Por tal motivo se adelanta una negociación actualmente en medio del
conflicto. Se critica fácilmente la voluntad de la guerrilla cuando nos generen
heridos o muertos en nuestras tropas o población civil. Ya expliqué que
“negociar dentro del conflicto” es la única forma legítima de seguirlos
atacando y presionando así el avance de las negociaciones, es decir, que el
estado siga imperando sin zonas de distensión o figuras parecidas que serían
exigidas por la guerrilla como contraprestación. Vivimos entonces actualmente
los coletazos de la cruenta lucha ya por 50 años como antesala propia de todo
conflicto que tiene una tendencia marcada a acabarse.
Querer la paz es un deseo de todos los colombianos. No está bien
quererla sabiendo que la negociación que iniciará el eventual gobierno de
Zuluaga está fundada sobre unas condiciones al enemigo que se parecen más a una
rendición que a una negociación. Por esa razón no es difícil que se paren de la
mesa y se arrecie el conflicto de nuevo con resultado incierto en número de
bajas o tiempos para su terminación. Seguir justificando la muerte de 3000
civiles para pasarlos como resultados positivos de una guerra por cuotas me
produce suma desconfianza. No son medios aceptables para acabar ninguna guerra.
Darle gusto al candidato que se inmiscuye en los asuntos más sensibles para los
colombianos, pensando en cómo torpedearlos, es bajo y ruin. Allá no quiero
volver. No queremos ninguno volver a las épocas de las chuzadas.
En estos momentos inciertos, yo prefiero elegir la opción de paz que
ofrece un gobierno imperfecto. Y sumarme a la confluencia de ideas y
pensamientos en torno a la posibilidad de paz, para exigir juntos resultados y
desarrollo real de un posconflicto. La guerra ha sido siempre para Colombia un
distractor de nuestros desafíos más apremiantes. No podemos mantener esa excusa
para crear juntos posibilidades para nuestro pleno desarrollo y vida pacífica
en comunidad. Podemos unirnos a este movimiento que no elige en realidad un
candidato. Rechazamos en cambio, una forma ya conocida pero inefectiva de
alcanzar la paz estable y sosteniblemente. La modalidad Uribe. Con persecución
a la prensa no amiga, a nuestras cortes, y todo lo ya conocido...
Estamos frente a la oportunidad más grande jamás vivida en Colombia de
acercarnos a una posibilidad real de afrontar nuestras diferencias para
construir. La suma de los partidos e ideales para alcanzarla es una voz en coro
que proviene de las víctimas que necesitan ser reconocidas e identificadas para
ser reparadas y garantizada su no repetición. Necesitamos volcarnos como
colombianos a defender un ideal que nos plantea a todos una nueva Colombia
llena de posibilidades.
¿Por qué no
apostarle?
Finalmente, quiero llamar a los que no piensan votar. Y quiero decirles
que están en su derecho. Solo quisiera saber que cuando elijamos lo hagamos
como masa numerosa de gente para poder más fácilmente aceptarlo. Podemos salir
a votar masivamente por una apuesta incierta que avanza con resultados
concretos, o podemos quedarnos sentados en casa indiferentes de lo que afuera
pase pero que en últimas marcará nuestros próximos 4 años.
Por esa razón, pensando en mis intereses más íntimos como padre de familia, queremos que nuestra hija viva en paz y vamos a hacer hasta lo imposible por no desaprovechar esta oportunidad. Por eso vamos a votar por el cese negociado del conflicto, en condiciones beneficiosas para todo el pueblo colombiano y que intentaba explicar unas líneas atrás. Lo mismo que en otras columnas que pueden ser consultadas. Llevo ya casi 15 años interesado en los procesos de paz desde que pude ver con mis ojos lo que pasó en Sudáfrica. Y solo puedo decirles que este proceso es serio y bien estructurado. Y que si en Sudáfrica el conflicto económico racial de odios entre habitantes pudo ser superado, lo puede ser en Colombia si todos nos sumamos. Yo los invito a apostarle a la paz sin poder ofrecerles garantía de resultado cierto.
Los invito solamente en
cambio a soñar los beneficios que nos traería la paz negociada que está al alcance
de nuestras manos.
Luis Carlos Jacobsen
Junio 10 de 2014
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