La Jurisdicción Especial
para la Paz es un acuerdo fundamental entre gobierno y FARC para intentar
hallar algo de razón y justicia a la barbarie propia de una guerra irregular y
degradada de más de 50 años.
Pretende terminar un conflicto para dejar de causar cientos de miles de víctimas además de desplazamiento forzado. Se están ultimando todavía detalles aunque ya existe un modelo que se puede valorar. Este se fundamenta en los principios de JUSTICIA RESTAURATIVA. Doctrina revolucionaria del derecho penal que ni siquiera se enseñaba en las universidades a finales de siglo. Aún es bastante desconocida. Es especie de la Justicia Transicional. Esa justicia de naturaleza extraña que fue creada para ponerle fin a los conflictos armados internos de larga duración. Que hace excepción expresa del derecho penal clásico porque se fundamenta en la pena para el victimario que sea proporcional a la falta cometida. “Castigo para el criminal”, es como la conocemos.
Pretende terminar un conflicto para dejar de causar cientos de miles de víctimas además de desplazamiento forzado. Se están ultimando todavía detalles aunque ya existe un modelo que se puede valorar. Este se fundamenta en los principios de JUSTICIA RESTAURATIVA. Doctrina revolucionaria del derecho penal que ni siquiera se enseñaba en las universidades a finales de siglo. Aún es bastante desconocida. Es especie de la Justicia Transicional. Esa justicia de naturaleza extraña que fue creada para ponerle fin a los conflictos armados internos de larga duración. Que hace excepción expresa del derecho penal clásico porque se fundamenta en la pena para el victimario que sea proporcional a la falta cometida. “Castigo para el criminal”, es como la conocemos.
La justicia restaurativa nos
es extraña en cambio pporque se ocupa de velar por los derechos y sentimientos
de las víctimas. Por la necesidad que tienen ellas de sanar a partir de su
derecho a enfrentarse con la verdad.
Pensando en el derecho penal
tradicional, 8 años de cárcel nunca serán justos para los crímenes atroces
cometidos por paramilitares o guerrilleros. Es la pena más alta de cárcel en un
caso, o la sanción en un lugar especial de reclusión en el otro, establecidas
para los peores crímenes cometidos por los victimarios del conflicto armado.
Sin embargo existe otra diferencia fundamental entre La Ley de Justicia y Paz y
la JEP o Jurisdicción Especial para la Paz que intento a continuación explicar:
Invito al lector, a la
lectora, tan solo a imaginar...
Decido yo un día acogerme
a la JEP. Me interesa salir del conflicto y por ello he dejado mi fusil. Soy
citado a la Comisión de la Verdad. Y soy recibido en una sala donde están
presentes unos magistrados, frente a una cámara de video, en un recinto
cerrado.
Hay 2 asientos. Sentado en
uno de ellos está Usted. Bastante cerca del mío. Con la tensión propia del
momento. Con el valor suyo como víctima que enfrenta por fin el rostro del
asesino de su ser querido. Con el temor mezclado con más odio. Con la
distancia hacia mí propia del dolor y la imposibilidad de olvidar. Luego de
tantas noches en vela.
Me siento. L@ miro a los
ojos. Y guardo silencio. Espero que hable Usted primero. Mirándome me insulta y
me describe su miseria. Y me dice de qué maneras y por cuanto tiempo la ha llevado.
Se calma por un momento. L@ miro a los ojos. Mi corazón late fuerte. Estoy muy
tenso. No es nada cómodo estar ahí. Es evidente el dolor que le causé. Ni
siquiera lo habría podido imaginar sin que usted me lo contara.
Decide preguntarme. Clamando
por la verdad. Indaga si reconozco que maté a su ser querido. Le contesto afirmativamente.
Me pregunta por el paradero de su cuerpo. Le doy detalles precisos de donde lo
enterré queriendo así tapar el crimen. Me pide detalles de sus últimos
momentos de vida. Le contesto minuciosamente. Le cuento lo que pidió. Lo que
gritó. Le relato cómo su ser querido fue valiente en lo último que hizo y
dijo. Recordando sus seres queridos. Le cuento por qué lo hice. Le reconozco
mi equivocación. Me insulta de nuevo. L@ miro a los ojos. Recibo sus insultos.
Agacho mi cabeza. Es muy duro enfrentarl@ a Usted, sabiendo lo que causé con lo
que le hice, viendo y reconociendo su dolor. Sintiéndol@ a Usted por primera
vez.
Ha pasado ya una hora...
Le continúo contando mi
historia acostumbrado desde muy joven a lidiar con el terror. De como crecí
en el campo. En una casa con piso de tierra. Cómo era mi familia. Cómo mataron
a mi padre y a mis 2 hermanos. Y le reitero de nuevo mi equivocación. Y de
repente, retomo el coraje y levanto mi cara, l@ miro a los ojos, con el valor
que me queda, que saco de algún lado. Con la verdad que hace años quiero
enfrentar, sabiendo que ha llegado el momento. El momento de contar la Verdad a
los ojos de quien ha sufrido la ausencia de ésta. Las preguntas permanentes…
Le abro mis ojos. Me enfoco
en los suyos. Y calmado le digo que reconozco y valido su dolor. Que le hallo
la razón. Que entiendo su odio. Que percibo su rencor y que le doy la razón.
Y le digo: "No creo que
jamás pueda perdonarme. No puedo reparar el daño. Pero puedo enfrentar este
momento, en solitario, solo para decirle que en verdad lo siento. Si pudiera
cambiarlo lo haría, por lo mucho que me arrepiento. Reconozco y siento
como propio su dolor, y sus sentimientos. Y le ruego algún día me perdone, si
lo pudiere hacer, se lo pido por favor.”
Continúo. Y de la forma más
simple, le pido perdón. Con calma. A sus ojos. Con lágrimas en los míos.
Advirtiendo todavía todo su rencor.
"Siento lo que le hice.
Quisiera no haberlo hecho. Fue una gran equivocación que siempre llevaré dentro
de mis peores recuerdos. Y por eso le pido perdón. Le digo que lo siento, y que
puede estar segur@ que de mi parte, jamás volverá a sucederle de parte mía nada
parecido ni a Usted ni a ningún otro ser humano."
Usted, que es mi víctima,
hace lo que quiere con esas palabras. Puede salir más débil, o puede salir
fortalecid@. Me da una última mirada, da media vuelta y se va en silencio
sabiendo que muy seguramente jamás volverá a verme en persona.
Pasaron casi 3 horas desde
el inicio de esta audiencia imaginada. De nuestro difícil encuentro con la
verdad. Y a mí, me quedarán 8 años de mi libertad restringida como fruto de
la máxima sanción. Sea ello desminando, sembrando, o haciendo cualquier trabajo
comunitario. Quedará grabado en mi mente esa audiencia. Sus ojos. Su dolor. Y sabré que haberl@ enfrentado me servirá
hasta el fin de mi vida para re significar el daño que le causé. Y determinará
la forma como enfrente el resto de lo que me quede estando vivo para intentar
enmendarlo.
¿Si Usted me perdona o no?
Eso se lo dejo a su entera decisión. Pudo liberarse en ese instante de la pena
y el dolor para siempre, o pudo ver multiplicado su rencor.
Esa es la gran virtud de la Comisión de la verdad. El
gran acierto de este proceso de paz. No contempla una verdad judicial.
Configura las condiciones para que aflore la verdad moral, capaz de sanar,
perdonar y reconciliar. Si la pena se cumple entre barrotes o mirando hacia el
campo no tiene real importancia. Ni 8 ni 60 años de cárcel sanan en verdad a
ninguna víctima. Sólo es la verdad la que tiene la potencialidad de
sanar. Y sabemos muy bien que nuestra Colombia necesita ese alivio, muy por
encima que castigar unos criminales para que salgan libres luego de 8 años sin
haber enfrentado a las personas y al daño que ellos causaron. Como vemos
que está pasando con los paramilitares que cumplen sus penas de cárcel por estos
días.
Ese es el fin y
funcionamiento de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, como se le
llama originalmente. Podemos cesar ese conflicto que existe en nuestras vidas
para muchos aún desde que nacimos. Y es mejor que creemos las condiciones para
ofrecer la posibilidad de que las víctimas y el país puedan reencontrarse con
ese desafío futuro de reconstrucción de su historia.
Nota: En ningún momento me
he querido referir al perdón de corte religioso. Hablo del psicológico. Del
espiritual. Del que todos hemos sentido desde que como niños ofendimos o fuimos
ofendidos y lo experimentamos. Y como adultos por igual. Para muchos entre más
nos volvemos viejos, más nos es difícil perdonar.
Sin embargo, para referirnos
al perdón..., ¿cómo podríamos dejar de un lado lo que dice la Biblia sobre esa
forma de liberación?
Luis Carlos Jacobsen
@luchojacobsen
Octubre de 2015
@luchojacobsen
Octubre de 2015
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