viernes, 6 de junio de 2014

Si. Será necesario perdonar.

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Sí. Perdonar para poder hacer la paz.

Voy a decirlo sin titubear. Para alcanzar la paz será necesario perdonar. 
Aunque imaginemos entonces por un momento la tesis contraria. La otra opción en juego que no le exige pasar por esta tarea a sus seguidores y a ningún colombiano. Ganan elecciones,|llaman a la narcoguerrilla a que informen si continúan con los diálogos recordándoles “que la Paz sí, pero con condiciones”, la guerrilla no se siente derrotada, no ha sido vencida, se levantan de la mesa, y todos dicen en coro: 

“Este gobierno si tiene pantalones”...

Se arrecia el combate, y se incrementa sustancialmente el número de bajas de ambos bandos, bombardeos son contestados con cilindros bomba, y cada tanto nos mata un francotirador cobarde un oficial desde la distancia. 

“Cómo es de difícil ganarle a la guerra de guerrillas”, decimos. 

Voladuras del oleoducto, contaminación, muerte, desplazamiento desolación. Ya lo conocemos la mayoría desde que nacimos. Eventualmente nuestras FFMM los debilitan más, invertimos más recursos, les causamos bajas, nos matan soldados, continúa el reclutamiento de niños, mueren civiles y por fin por alguna bendición llega al fin la supuesta rendición. No en un año, ni siquiera en 2. Quizás nunca... 

Imaginemos que los vencemos, sin que podamos muy bien creernos el cuento y lo que significa de verdad. Narcoterroristas a la cárcel, se les imponen sus penas, “se acaba el conflicto”, para qué cuentan la verdad sobre sus crímenes si no es para que nos pidan perdón. Obtenemos sus armas, quedan las bacrimes y el país con una misma sensación.

Aquí no pasó nada en el interior de cada colombiano para ganarnos la paz más que observar complacidos las fotos de los comandantes guerrilleros en la cárcel y sometidos. La anhelada paz no pasó por nosotros, se encargó nuestro gobierno de imponerla, ninguno tuvimos que enfrentarnos al perdón, ni siquiera los reconocimos nunca como contraparte, les negamos toda participación política y bastante nos encargamos de humillarlos. 

“Los vencimos”, les decimos. 

Existe otra opción. 

Si reconocemos la verdad, que aquí Sí hubo y hay un conflicto armado, reconocemos a una contraparte con quien negociar. Y ponemos sobre la mesa el asunto más duro, necesario, e importante. Las víctimas. ¿Cómo vamos a hacer para sanarlas? ¿Cómo garantizamos la no repetición? El proceso de Sudáfrica para la cesación del conflicto racial y político, planteó la necesidad de la Comisión de la Paz, la Verdad y la Reconciliación. Allí fue concedido el perdón a muchos criminales, luego de desgarradores testimonios a la cámara y frente a las víctimas, en donde manifestaban su petición de perdón. La verdad sana, la verdad es necesaria para el perdón, para que se pueda desatar en cada uno el milagro de sentir adentro que la pena está redimida, que no se necesita andar esculcando la verdad de lo que pasó, los últimos segundos de su ser querido, ni menos se necesita esperar venganza en vez de la certeza de que ese individuo dice que jamás repetirá su acto. La verdad ofrecida mirando a los ojos y el arrepentimiento genuino observado y sentido. 

El silencio.

¿Por qué perdonarlos? Los perdonamos si, y sólo sí, recibimos sus armas a cambio. Y en acto solemne las recibe el gobierno colombiano, y se funden o las deshacen, porque el acto simbólico de renuncia a las armas es un acto de valentía de un combatiente que renuncia a su fusil y a su capacidad de hacer daño.Y justo por eso, les reconocemos derechos y participación política, siempre que en acto solemne se acojan a la vida civil y manifiesten su deseo de vivir en paz, y trabajar por ella si quieren desde la política que no utiliza el fusil para imponer sus ideas.

Y se fortalece nuestra democracia, y creamos espacios de participación. Y obtenemos el sustento económico de la guerra que es el narcotráfico. Rutas, pistas, cultivos. Los vemos sustituirlos, aportar en el desminado. Participando de la renovación del campo colombiano en tierras listas para producir comida a cambio de cocaína. Yo puedo vivir con eso, y estoy preparado para perdonar. Por eso elijo la reelección del presidente y reconozco la sabiduría detrás de la agenda de negociación llevada a cabo por un equipo de profesionales serios liderados por Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo. Honorables ciudadanos. No espero mucha voluntad de paz de la guerrilla. La manifestación de su voluntad por ahora es el acuerdo sobre cultivos ilícitos. Y vienen víctimas, armas y cese verificable del conflicto. Refrendada por el pueblo colombiano.

Reconocer al otro, es principio básico para resolver cualquier disputa humana. Implica tomar en cuenta que se ha hecho un daño y que alguien lo ha sufrido, y merece ser reparado. La cárcel no sana esa víctima. A las víctimas sólo las sana la posibilidad que se les de para optar por el perdón. Y a su vez, todos, en esta nación, tenemos que perdonarnos a nosotros mismos y perdonar a los demás, de nuevo, a partir de reconocer al otro. Eso dicta la filosofía Ubuntu que el médico catalán Dr. Albert Figueras vino a Colombia recientemente a enseñarnos. Este compendio de sabiduría está contenido en las memorias de Imagina la Paz, Mayo 22, y constituye la certeza alcanzada por 70 personas diversas que resolvimos darnos cuenta de que era posible alcanzar la paz ya, siempre que estuviéramos listos para perdonarnos.

La paz es posible, y estamos bastante cerca de lograrlo. Me sumo con toda mi esperanza y sabiendo que corremos riesgos al deseo anhelado de la paz para toda mi familia y Colombia entera. Lo voy a hacer perdonando.

Luis Carlos Jacobsen
Junio 6 de 2014

1 comentario:

  1. Guardadas las proporciones, la primera parte de tu nota me trae a la memoria lo que es el terrible despertar de un enemigo vencido y humillado: la humillación extrema a que fue sometida Alemania con el Tratado de Versalles generó el caldo de cultivo para que prosperara un caudillo que desató el terrible holocausto de la Guerra Europea en 1939, que con la posterior integración del eje Alemania-Italia-Japón se convirtió en la Segunda Guerra Mundial.
    Hoy estamos viendo un ejemplo de grandeza: Jesús Antonio Peña Martínez (@japmartinez en twitter) con un cartel amarillo pintado a mano: "Yo fui secuestrado y hoy #MELAJUEGOPORLAPAZ"
    Comparto totalmente tu filosofía Lucho. Muchas gracias por tus aportes a la convivencia entre los colombianos.
    @luisfo1951 en Twitter

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