El partido Centro Democrático y muchos de sus seguidores llevan 3 años tergiversando y desfigurando la agenda de paz y los acuerdos derivados que se han ido alcanzando. Su campaña presidencial se montó sobre una crítica a "la paz castrochavista" que se estaba fraguando sobre la nación y a espaldas del pueblo. Sus seguidores dejan entrever una obstinación radical por defender que no hay negociación posible con las FARC distinta a una rendición o sometimiento donde les podamos imponer un castigo. Es su idea de buena negociación: "Que el estado no pierda, que no se entregue el país a las farc, que no nos arrodillemos frente a ellos"
Su tipo de justicia que no es otra que la existencia de una pena de cárcel real, con barrotes, durante 8 años para los jefes de las FARC, les facilitaría estar más listos para avalar el acuerdo. Dejemos por ahora de lado la obstinación de algunos por restringir además los derechos políticos en un conflicto de origen político.
¿Será cierto que la pena de cárcel es lo mejor que podemos diseñar como forma de justicia?
¿Sería posible que cualquier opositor a la paz pudiera al menos sopesar lo que a continuación describo?
En verdad entonces, si nos ponemos a pensar lo que nos aleja de un acuerdo con el partido que se opone a una salida negociada sobre el fin del conflicto con las FARC es la pena de 8 años. Y que quede la contraparte sujeta a la inseguridad de ser extraditados.
Veamos otras ideas.
El modelo de justicia restaurativa no se enfoca en la pena y el castigo para el victimario sino resarcir a la víctima en su dolor y posible reparación.
Por eso quien acude ante la JEP (Jurisdicción Especial Para La Paz) lo hace con el ánimo de contar la verdad y reconciliarse.
Solemnemente, frente a un tribunal, y a la cara de las víctimas. Sin ser algo fácil de saltarse engañando a una sala que lo escucha. Y a los ojos de la víctima. N es ningún chiste. Es un criminal reconociendo su culpa.
Acuerda con la víctima una forma de reparación. Quizás pida perdón. De pronto éste le sea otorgado. De repente no...
Y a partir de ese momento se valora el caso y se le condena a una sanción restrictiva de la libertad de 5 a 8 años. Confinado. Sembrando o desminando. Trabajando para reparar el daño. Y si incumple faltando a la verdad, o no da garantía plena de no repetición lo esperan 20 años de pena de prisión.
El acuerdo de paz no contempla impunidad. Jurídicamente hablando el delito no queda impune y el victimario tiene una carga en favor de la víctima además de la la restricción de su libertad.
Yo digo SÍ a una forma más elevada de justicia. La justicia restaurativa se ocupa de las víctimas. No del victimario. La verdad es todo lo que una mamá espera para sanar su dolor.
La bandera uribista de No Impunidad puede y debe ser confrontada porque este modelo de justicia del acuerdo de paz, nos acerca mucho más a asumir la conciencia de que todos los habitantes de esta nación que necesitamos perdonarnos y perdonar también. Este modelo nos implica responsabilidades. La paz de Uribe se conforma con mandar a la cárcel al delincuente y ya está. Sin Comisión de la Verdad. Sin participación política del enemigo que por el acuerdo de paz pasó a ser un contendor político..
Lo que para mí es claro es que conciben ese acuerdo como forma necesaria de humillar a las FARC, de verlas vencidas lejos siquiera de que eso pasara en el campo militar. No los vencimos. Solo los debilitamos hasta llevarlos a negociar. No se pudieron tomar el poder. A cambio negociamos haciendo mutuas concesiones. Yo prefiero haber acabado el conflicto en una mesa de negociación que persistir en ablandar a la guerrilla hasta someterlos durante tiempo incierto y con víctimas colombianas de lado y lado.
Yo creo que la paz está cerca y la vamos a defender porque es la paz para todos los colombianos.
Luis Carlos Jacobsen
Febrero 7 de 2016
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