Han pasado ya varios meses desde el ataque de Hamas —acto que condeno sin ambigüedades— y lo que ha seguido no es defensa, es devastación. Una operación de castigo desmedida contra la población civil palestina. El hambre convertida en arma de guerra. El agua y los alimentos racionados a niveles inhumanos. Niños muriendo de desnutrición en directo, frente a nuestros ojos.
Mientras tanto, se anuncia la intención de quedarse con la tierra, se ofrecen salidas forzadas a los habitantes de Gaza y Cisjordania, como si se tratara de un desalojo masivo en plena era digital. Muchos líderes del gobierno israelí siguen justificando la ocupación ilegal en designios bíblicos. ¿Cómo podemos permanecer callados cuando vemos francotiradores apuntando a adolescentes, colonos expandiéndose sobre territorios ocupados tomando las casas de los palestinas, o familias enteras sometidas a la demolición de sus casas? ¿Cómo puede el mundo aceptar que existan “colonos” sobre tierras que pertenecen a otro pueblo?
Lo llamemos como lo llamemos, no deja de ser lo que es: ocupación ilegal, presión sistemática, abuso de autoridad y limpieza territorial en cámara lenta. Genocidio. Limpieza étnica. Escoja. Cualquiera de esos conceptos se ajusta perfectamente a lo que vemos.
En Colombia, un partido político influyente —el Centro Democrático— apoya sin matices todo lo que haga el gobierno israelí. Nunca han levantado la voz por los palestinos, y todo indica que nunca lo harán.
¿Por qué?
-
¿Hay financiamiento electoral al Centro Democrático de empresarios con vínculos con Israel?
-
¿Hay amistades estratégicas entre élites colombianas y sectores de poder judío?
-
¿Hay sintonía ideológica con la derecha que gobierna en Tel Aviv?
-
¿O simplemente incapacidad de sentir compasión por quienes hoy son víctimas evidentes de una injusticia atroz? Esta idea no creo que sea generalizada, pues conozco gente decente de esa corriente política que no deja de conmoverse con lo que allí pasa.
Y dejemos algo claro: que Petro haya apoyado públicamente la causa palestina no significa que solidarizarse con Gaza sea un acto “petrista”. No lo es. Estar con los gazatíes, con un pueblo masacrado, debería ser un gesto humano y no un marcador ideológico. Esta nación debería moverse por la compasión y no por la indolencia. El dolor humano está por encima de cualquier bandera política.
Necesitamos levantarnos como nación para clamar porque cese la violencia israelí, y dejar de una vez por todas la cobardía de mirar hacia otro lado.
El mundo ya se está moviendo. Australia, España, Noruega, Suiza, Holanda, incluso Alemania empiezan a decir basta! La ONU, la Cruz Roja, China, Rusia, cientos de ONG y millones de ciudadanos se alinean con la causa palestina.
¿Y nosotros? ¿Vamos a seguir del brazo con Trump, Netanyahu y la extrema derecha global, solo por conveniencia económica y política? ¿Vamos a permitir que la indolencia frente al dolor ajeno se convierta en la doctrina oficial de Colombia?
Es hora de hablar sin miedo: apoyar al Centro Democrático hoy es apoyar la barbarie en Gaza. Es avalar la masacre de inocentes. Y cada ciudadano debe saberlo cuando llegue el momento de votar. Y espero que este tema entre al debate político para que dicha corriente política destape sus cartas y acaso señale que dentro de su proyecto político NO serán indiferentes a perpetuar la ocupación y el abuso.

Colombia necesita despertar. Necesita indignarse. Necesita señalar con el dedo a quienes callan y a quienes justifican. Porque en la aldea global no hay neutralidad posible frente a la injusticia. El silencio es complicidad.
Y la complicidad, tarde o temprano, también se paga.



No hay comentarios:
Publicar un comentario